A las 6.30 de la mañana, María Marcela Rivera salió de su natal Colinas, Santa Bárbara, a cumplir uno de sus sueños: conocer a su ídolo, la estrella del Real España, Carlos Pavón.
A pocos minutos de llegar a la concentración aurinegra se dio el encuentro, el jugador venía de la práctica; la vio, la saludo, la abrazó y dando un gran gesto humano le obsequió su camiseta.
La satisfacción que se veía en la niña era similar a la expresión de Pavón a la hora de compartir con la joven.
"Un montón de muchachas se van a poner celosas en Santa Bárbara cuando vean las fotos donde me abraza (Pavón) pero yo voy a ser la envidia de todas ellas en Colinas", apuntó la joven con una sonrisa que evidenciaba su emoción.
El ariete y máximo anotador de la Selección Nacional compartió un rato con la pequeña a la que le agradeció su admiración.
"Me dio las gracias porque vine a verlo y porque yo lo quiero desde que estaba pequeña" señaló, la niña que en estos días estará cumpliendo sus once primaveras.
"Me siento alegre y emocionada, porque lo quería conocer desde pequeña, por eso la trajimos y le dimos este regalo de cumpleaños", dijo su madre, Esperanza de Rivera.
"Él nos trató muy bien y me siento muy alegre porque he complacido a mi hija, el regalo de nosotros era presentárselo, él es una gran persona, dejó evidenciado lo linda persona que realmente es", concluyó doña Esperanza.
Lo dijo:
"Cuando estaba viendo el
juego y expulsaron a Pavón
me puse a llorar, porque
estaba enojada. Yo soy la única españolista de Colinas junto
con mi papi Osman".
María Marcela Rivera