En cada aldea de la ahora triste comunidad de Intibucá había familiares llorando un muerto
La noche que San Isidro no durmió
Lisseth García Doris. Garcia@la­pren­sa.hn


 Los familiares de las víctimas que viven en otras ciudades llegaron anoche sin poder creer lo que miraban.
Los familiares de las víctimas que viven en otras ciudades llegaron anoche sin poder creer lo que miraban.
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San Isidro, Intibucá.

Fue la noche más corta y quizás las mas fría. Inusual porque es la temporada de verano.

Desde su fundación en 1926, por primera vez el municipio vivía una noche como ésa. Los pobladores de San Isidro y las aldeas La Pastosa, El Naranjo, El Borbollón, Macuelizo, La Zarzalosa, Pueblo Viejo, El Barreal y San Jerónimo en Jesús de Otoro repasaban en sus mentes lo ocurrido y no podían creer que sus parientes estuvieran sin vida en un cajón. Seis aldeas de San Isidro velaban a sus muertos, sólo Peña Blanca y San Bartolo se salvaron de la tragedia, pero la consternación era igual.

Buscaron las mejores ropas para vestir los cadáveres y otros lograron confeccionarles una mortaja blanca para darles cristiana sepultura "como Dios manda".

"Es como una maldición porque en todas las aldeas de San Isidro hay un muerto que se fue en el Vuelo del ángel", comentaba Yeny Edith Méndez. Y qué razón tenía, en las aldeas carentes de luz eléctrica y otros servicios básicos había velorios, escenas dramáticas, llanto y dolor.

¡Qué noche!

Ante la falta de electricidad, los dolientes iluminaron con fogatas sus casas para avisar que allí se velaba un cuerpo. Por las calles las personas caminaban alumbrándose con focos de mano para ir de velorio en velorio y poder acompañar a los dolientes. aunque fuera unos minutos.

Padre, madre e hija

La aldea de Suyapa o La Pastosa tenía siete muertos, cuatro de ellos de una misma familia. El matrimonio conformado por Elvis Luna Palacios y Nora Ondina y su pequeña hija Mariela Luna murieron en el aparatoso accidente. Los tres eran velados en la casa que por más de cinco años fue su hogar. Él, un jornalero, y ella, una ama de casa, tenían muchos planes y el principal era educar a su pequeña Mariela.

Pero el destino les jugó una mala pasada y los tres se fueron en el Vuelo del ángel. Un pastor evangélico realizaba un culto para darle fortaleza a los parientes y elevar una plegaria por los muertos. Allí, frente a los tres cuerpos sin vida, los vecinos oraban con resignación. Pasaron toda la noche cantando y orando. La casa resultaba pequeña para la cantidad de personas que acompañaron a los dolientes.

"Porque Él vive no creo en el mañana, porque Él vive…" cantaban entre lágrimas los presentes. A pocas cuadras de la casa donde se velaba a la familia había otra fogata, era señal que estaban velando otro cuerpo: el de Concepción Luna, prima de Elvis. Todos abordaron el bus esa mañana, se saludaron alegres de verse, pero nunca imaginaron que era el último saludo y la última vez que abordarían ese bus. En esta aldea había siete velatorios. Los cuatro de la familia Luna y José ángel Cruz Mencía, Suyapa Sorto y Esmelin Ramos, hijo del dueño del bus accidentado.

Entre cajas de madera

En el caso urbano de San Isidro velaban a Yanira Bonilla y a Argentina Méndez, ambas eran peritos mercantiles, pero no ejercían por la falta de oportunidades. El cuerpo de Bonilla fue trasladado a Amapala, Valle, de donde era originaria y Méndez fue sepultada ayer.

En el caserío de El Barreal, en una casa pobre, estaba el cadáver de Soledad Domínguez, una madre soltera con nueve hijos vivos y dos muertos. Quedaron solos y la noche del velatorio eran acompañados por sus vecinos.

A pocos kilómetros de El Barreal, en el caserío de Pueblo Viejo, cubierto por flores de Napoleón, descansaban en un cajón de madera los restos de Margarita Méndez, una ama de casa que tenía hijos. El martes salió a esperar el bus para recoger una remesa en Jesús de Otoro, pero nunca logró llegar al banco. También en la aldea Zarzaloza lloraban la tragedia.

Allí las velas rodeaban el cuerpo de Saúl Gámez Parada, un agricultor que dejó varios hijos. Los pobladores también velaron a Reinelda Méndez una joven que ayudaba a sus padres; trabajaba como empleada doméstica y llegó a El Naranjo a pasar Semana Santa, pero decidió regresar a su trabajo hasta el martes 26 de marzo sin imaginar que abordaría el bus de la muerte.

A diez minutos de San Isidro se sitúa la aldea de Macuelizo. Entre oraciones y cánticos, la familia Méndez también velaba a sus tres parientes, entre ellos el pastor Tomás Gómez y los jóvenes Juan José García y María Natividad Sánchez. "Nos pastoreba a nosotros, pero estamos seguros que hoy está sirviendo en el cielo", exclamó entre su resignación Roberto Méndez.

Entierro de los 27 muertos

12 en San Isidro
8 en San Jerónimo
1 Jesús de Otoro
1 Aldea El Naranjo
1 Caserío El Junquillo
3 Llano Largo
1 Amapala


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