Equipos de rescate de Estados Unidos y países de América Central intensificaban este viernes por mar y por tierra la búsqueda de desaparecidos y cadáveres causados por la furia del huracán Félix, que dejó más de 100 muertos tras golpear la costa nicaragüense.
Socorristas hondureños y estadounidenses sobrevolaban a bordo de helicópteros el Caribe en la costa hondureña de la Mosquitia (este) en busca de cadáveres que habrían sido arrastrados hacia aguas hondureñas, informaron organismos de socorro.
"Ya se inició la operación de búsqueda y rescate con dos helicópteros de Estados Unidos y un helicóptero y una avioneta de Honduras, más unas embarcaciones, porque nos dijeron que hay cadáveres flotando en el mar", explicó el jefe de Operaciones de la Comisión Permanente de Contingencias, Copeco, Randolfo Fúnez.
El funcionario aseguró que se están haciendo nuevos rastreos en la zona pero advirtió que la tarea se vuelve difícil ya que la región es "inmensamente grande" y los equipos de socorro no dan abasto. En medio de varias escenas de desesperación, los pedidos de ayuda se multiplicaban pocos días después de que el huracán Félix aterrizara en la costa de Nicaragua, con la categoría 5, la máxima en intensidad, acompañado de vientos de 300 km/h, dejando un saldo de más de 100 muertos en Nicaragua y Honduras, según indicaron las autoridades.
El presidente de Nicaragua Daniel Ortega estimó que la situación dejada por Félix en la Región Autónoma del Atlántico Norte, Raan, la más golpeada al nordeste de Nicaragua, "es más grave de lo que se había pensado (...) hay muchas víctimas, muchos muertos", pero se abstuvo de dar cifras.
La paupérrima zona nicaragüense quedó reducida a un desolador paisaje de escombros, árboles caídos y casas precarias destruidas.
Miles de indios miskitos de la comunidad de Krukira, una de las localidades del Caribe norte más afectadas, se peleaban por las reservas de comida, mientras calmaban la sed y el hambre con cocos y naranjas que cayeron en el diluvio."No hemos comido, perdimos todo", se quejó el pescador Wildred Simons, rodeado de vecinos de su comunidad que desde hace dos días permanecen a la intemperie.
En el muelle de Puerto Cabezas, también en las costas del Caribe Norte, centenares de indígenas esperaban noticias de familiares desparecidos en los cayos cercanos y en alta mar."Mi esposo desapareció en los Cayos Miskitos y no sé nada de él. Estoy mal, muy preocupada", dijo Elvia Henry, una india miskita de 35 años.
Los extraviados son en su mayoría hombres de la comunidad costera de Sandy Bay y los Cayos Maras y Miskitos que se quedaron cuidando las casas o que fueron sorprendidos por el monstruoso ciclón, que azotó la abandonada región, en la que viven cerca de 200 mil indígenas, criollos (negros) y mestizos.
En Honduras, el alcalde de la ciudad de El Progreso (norte), Alexander López, instó a las autoridades del Gobierno a socorrer a cerca de 20 mil personas aisladas por las inundaciones."Quiero reiterar el llamado, los ciudadanos están en riesgo", instó el alcalde, quien agradeció "a Dios" que la furia del ciclón se calmó al pasar por Honduras, aunque los remanentes dejaron inundaciones en el norte, sobre todo en el valle de Sula, la zona más productiva e industrial del país.
Mientras los países de América Central aún enfrentaban la tragedia, México no bajaba la guardia por el paso de la tormenta tropical Henriette, que dejó nueve muertos y se preparaba para afrontar las fuertes lluvias de Félix, que llegó al sureste del país como depresión tropical.
Unas 20 mil personas fueron evacuadas de siete municipios del norte del estado mexicano de Veracruz (este) por el desbordamiento del río Pánuco a raíz de las intensas lluvias, informaron las autoridades. En ese mismo estado, situado en la costa del Golfo de México, otros 94 municipios del sur estaban en alerta preventiva por el aumento en la intensidad de las lluvias provocadas por la onda tropical formada y que amenazaban con nuevos desbordamientos a las cuencas de dos ríos.