Un saldo de al menos 21 muertos y 50 mil damnificados provocó el huracán Félix en la costa Caribe de Nicaragua, mientras que los países centroamericanos mantenían el miércoles el alerta máxima ante la posibilidad de terribles inundaciones y deslaves.
"Tenemos 21 muertos y es posible que crezca (esta cifra)... necesitamos agilizar las operaciones de salvamento", informó el gobernador de la Región Autónoma del Atlántico Norte, Raan, Reynaldo Francis, al presidente nicaragüense, Daniel Ortega, que se encuentra de visita en la región declarada zona en Estado de Desastre.
"Estamos viendo que el número de afectados crece, recibimos información de personas que están flotando" en las aguas asidas a ramas, dijo Francis al reclamar ayuda urgente con medios aéreos y navales para socorrer a las poblaciones costeras que están incomunicadas.
Esta paupérrima región del nordeste nicaragüense, habitada principalmente por indios misquitos, fue la más afectada por la furia del huracán Félix, que a su llegada -el martes- tenía una intensidad de 5 en la escala de Saffir Simpson, la máxima categoría, con ráfagas de viento de hasta 300 km/hora.
"El aviso de que había un huracán vino en la mañana y por la noche ya estaba pegando fuerte. Nos dejó con las manos vacías", dijo el miskito Epifanio Colleman."Fue terrible, tenía los nervios alterados por esos fuertes vientos.
Había mucho ruido cuando arrancaba los techos y derribaba árboles, postes de tendido eléctrico", describe Lorena Hernández, de Puerto Cabezas, principal ciudad del Caribe norte con 40 mil habitantes, donde el huracán arrasó viviendas y árboles que fueron desprendidos de raíz.
Además de Puerto Cabezas, cuya infraestructura según Defensa Civil quedó 90 por ciento destruida, se reportaron enormes daños materiales en las comunidades costeras de Sandy Bay y Bismona.
Desafiando las órdenes de evacuación, muchos habitantes se resguardaron en frágiles viviendas de madera, que fueron arrasadas.
Félix, ya convertido en depresión tropical con vientos de 45 km/h y lluvias torrenciales, cruzó la frontera de Honduras y Guatemala al tiempo que se alejó la amenaza de lluvias fuertes sobre Tegucigalpa. Sin embargo, las autoridades hondureñas mantenían el alerta roja, la máxima, en Tegucigalpa y varios departamentos del país ante la posibilidad de fuertes lluvias en las próximas horas.
En la mosquitia hondureña, el ministerio de Salud envió una brigada con unos cien médicos y medicamentos para asistir a los damnificados de ambos lados de la frontera. La población intentaba recobrar la normalidad pese a que todavía siguen sin energía eléctrica y empezaban a limpiar los destrozos causados por este terrible huracán, el segundo en alcanzar la potencia máxima en menos de quince días en el Caribe.
En el norte y noreste de Guatemala llovía intensamente como consecuencia de la depresión tropical en que se ha convertido Félix, originando crecidas de ríos y algunas inundaciones, según los primeros informes de voluntarios recibidos este martes por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, Conred.
En El Salvador, el presidente Elías Antonio Saca, anunció este miércoles que se bajó la alerta de naranja a amarilla (preventiva) en todo el país ante la tendencia a una mejoría de las condiciones del clima, aunque se mantendrá la vigilancia ante eventuales emergencias que generen las lluvias.
La región centroamericana ha vuelto a revivir el miedo a un desastre parecido al que causó el huracán Mitch en 1998, que dejó miles de muertos y daños incalculables sobre todo en países como Honduras o Nicaragua.
Mientras que el terror ante la amenaza de Félix se disipaba, el huracán Henriette, que golpeó el martes el sur de la península mexicana de Baja California, volvió a impactar el miércoles las costas del noroeste del país al internarse entre los estados de Sonora y Sinaloa, informó el Servicio Meteorológico Nacional, SMN.