Muchos de los casos que ha visto como directora del Centro de Rehabilitación Integral Teletón no sólo la han hecho llorar, sino que les le han dado una lección de vida.
La doctora Gina Puerto dice que al ver cómo otras personas luchan con coraje para ver a un hijo rehabilitado ha aprendido a valorar más su existencia y a dar gracias a Dios todos los días por lo que le ha dado.
"A veces uno se queja por cosas superfluas sin ver que hay padres que darían lo que fuera porque su hijo por lo menos sea aceptado en una escuela regular", manifiesta.
La especialista en rehabilitación tuvo su primer contacto con la fundación Teletón mientras hacía su práctica en un hospital de Santiago de Chile, donde vivió recién casada.
"Fue una experiencia que me encantó, por eso cuando regresé a Honduras ya venía con la mira de ir a trabajar a Teletón".
La plática se torna más jovial cuando se refiere a sus gustos y aficiones. Como toda olanchitense, dice que le gusta comer jamo, pero admite que le encantan más los huevos de iguana. "No puedo preparar el jamo, soy mala cocinera, mi esposo es quien cocina cuando estamos en casa", dice sonriente.
¿Qué experiencia le ha dejado Teletón?
Todo lo que he aprendido ha sido aquí en esta escuela de vida. Como persona, Teletón me ha hecho crecer y reflexionar. A veces uno empieza a quejarse por cosas superfluas. Sin embargo, aquí usted aprende a darle gracias a Dios porque sus hijos son del tamaño, del color y de la forma como nacieron. No es que uno deje de tener aspiraciones ni exigencias con su familia, sino que aprende a agradecer todas las pequeñas cosas que Dios le da. Ve tanto dolor que uno madura y deja de darle importancia a un montón de cosas que en realidad no la tienen.
También se encarga directamente de la rehabilitación de los pacientes que remiten del hospital Mario Rivas.
Usted aquí ve a gente que viene con tanta dificultad, recorriendo grandes distancias, con la esperanza de que su hija o su hijo tal vez le diga mamá o papá viéndole a la cara, pero a veces tardan hasta cinco años para escucharlos. Atendemos a pecientes de unos ocho departamentos.
¿Qué casos de los que ha visto le han impresionado?
El primer caso que me impactó fue el de un niño de seis meses en Tegucigalpa; me hizo llorar. Ese pequeño fue operado del cráneo, igual que mi hijo mayor, sólo que en el caso de él hubo alguna complicación en el acto quirúrgico y además de resultar con un problema cerebral, quedó ciego. Sólo pensé que eso pudo haberle pasado a mi hijo cuando lo operaron.
¿Cómo logran que haya calidad en la atención?
Hay pacientes que se levantan a las tres de la mañana para venir de lugares distantes a estar con el personal en terapia sólo por media hora, entonces lo menos que uno puede hacer es que en ese corto tiempo sean bien atendidos. Los empleados están bien metidos en la mística de atención que tiene la fundación. Uno de los aspectos de los que nos sentimos orgullosos es que los cuatro centros están limpios, no son como los de una institución pública.
Cada empleado se esmera por hacer bien su trabajo, desde la que asea los pisos hasta el jardinero que se siente orgulloso de que el corazón ornamental esté bien florecido para que la gente se sienta en un lugar cómodo y acogedor.
¿Qué le faltaría al centro para estar más completo?
Soñamos con tener una piscina terapéutica donde los niños pudieran hacer natación e hidroterapia. Hay gran cantidad de servicios que brindan otros centros de Teletón que nosotros quisiéramos tener. Por ejemplo, queremos ampliar la zona de estimulación temprana donde están los niños de cero a seis años, pues la demanda sigue creciendo. Para ello ya hemos obtenido parte del financiamiento.
En Tegucigalpa ya han logrado, con apoyo de otras instituciones como la OEA, construir talleres vocacionales para preparar a los pequeños pacientes en repostería, carpintería y otras pequeñas industrias. Ésa sería otra área en la cual nosotros quisiéramos crecer; siempre estamos optimistas de que podemos lograrlo.
Con su esposo Luis Zúñiga ha formado una familia feliz. Se conocieron siendo compañeros en la Unah.
¿Siempre está optimista?
Trato de ser alegre, aunque también tengo mis momentos de enojo. Creo que la gente que nos rodea no tiene por qué pagar si uno anda molesto por ciertos problemas personales. Trato de no llevar las preocupaciones de la Teletón a mi casa, ni traerme un enojo de allá para acá.
¿Cómo conoció a su esposo?
Nos conocimos en la facultad de Medicina cuando éramos compañeros. Empezamos siendo amigos, incluso éramos confidentes, yo le contaba sobre mis novios y él sobre sus novias, pero después comenzamos a vernos con otras intenciones. Fuimos novios cinco años, así es que cuando nos casamos ya sabía que no era una buena cocinera. Luego tenía que irse para Chile a estudiar ginecología, y quería que nos casáramos antes, así que en tres semanas planificamos la boda. Al ver que estábamos haciendo todo a la carrera, mi papá brincó, posiblemente imaginándose otra cosa. él se fue primero para Santiago de Chile y después me fui yo a terminar mis estudios. Todo fue muy bonito porque nos fuimos a vivir solos a otro país. Si alguno de los dos se enojaba, no podía irse donde los padres, como suele suceder en esos casos, porque sólo teníamos un apartamento.
¿Se haría la cirugía plástica?
Es posible, cuando ya sienta que la necesito. Es una forma de sentirse bien. Posiblemente no en la cara, sino en aquellas zonas del cuerpo que con la edad se ponen más flácidas de lo que deben.
¿Se operaría el busto, por ejemplo?
Lo consideraría, sin duda. Ahora eso es muy común, pero me parece de mal gusto exagerar o lucir demasiado lo que la persona se hizo o se puso con la cirugía plástica. Si hay que corregirse algo, hay que hacerlo, pero sin excederse. Hay personas que quizá son bonitas, pero por el efecto de la cirugía plástica se ven hasta desfiguradas. Sin duda que me haría cirugía plástica, así como me tiño las pocas canas que me salen. No niego mis 45 años, me siento bien diciendo mi edad.
Su perfil
Nombre: Gina Jimena Puerto Ramírez de Zúñiga
Profesión: Doctora especializada en rehabilitación
Cargo: Directora del Centro de Rehabilitación Teletón
Nacimiento: Olanchito, 3 de septiembre de 1962
Esposo: Luis Armando Zúñiga Girón
Hijos: Luis Armando, Laura Andrea, Luciano Andrés y Leonardo Aarón
Al vuelo
Alterna su trabajo en Teletón con el de su clínica particular. También mantiene estrecho contacto con instituciones cooperantes.
Personaje: Mi abuelita Ada Ramírez
Un cantante: Juan Gabriel
Libros: "Cien años de soledad" y "Los miserables"
Color: Azul
Una flor: Ave de paraíso
Religión: Católica
Lectura: Las novelas
Pasatiempo: Decorar
Orgullo: Su familia
Un plato: Huevos de iguana
Extractos
Familia
"Somos bastante hogareños. Si vamos a la playa, me llevo mi libro, prefiero estar leyendo. No hago deportes; si tengo tiempo, mejor leo".
Celebración
"En Navidad los papás traen sus regalitos y San Nicolás se los entrega porque aquí no tenemos presupuesto para darles obsequios a todos. Los niños también hacen manualidades".
Recreación
"Las diferentes áreas del centro hacen paseos terapéuticos con los niños, lo que les favorece mucho. Van a piscinas y paseos públicos para cambiar la rutina".
Recuerdo
"Un momento triste fue también la muerte de mi sobrina Clarita en un accidente de tránsito. Salió volando del carro porque no traía puesto el cinturón de seguridad. Siempre la recordamos".
Muchos casos han trascendido a través de los medios de comunicación, como el de este estudiante que fue golpeado con un bate.
Niñez
"Mi infancia transcurrió en Olanchito. Todas las vacaciones las pasaba con mi abuelita, allí anduve nadando en ríos. Después nos fuimos a vivir a Tegucigalpa".
Sus frases
1. "Como pareja tuvimos un momento difícil cuando nuestro hijo mayor, que nació en Chile, tuvo que ser operado del cráneo. Fue un momento muy duro, pero gracias a Dios todo salió bien".
2. "Tenemos unos 2,500 pacientes activos y brindamos diariamente un promedio de 700 atenciones. Hay personas que reciben hasta tres en un día".
3. "Ver la cara de angustia con que vienen los pacientes hace que el personal trate de esmerarse en atenderlos, no despacharlos sin darles atención".
4. "Tenemos la responsabilidad de retribuir lo que la gente aporta. No queremos desperdiciar esa buena voluntad con un mal gesto".
5. "Voy todos los sábados al mercado Guamilito a comprar flores para hacer adornos. A veces dejo las naranjas por las flores".
6. "Las personas siempre responden al llamado de Teletón porque están conscientes de que colaboran con una obra de amor".
La doctora atiende, como el resto del personal médico, a los pacientes que llegan a diario.