Los ánimos estaban caldeados entre los manifestantes que se habían tomado la autopista del norte para exigir una serie de demandas al Gobierno. Los policías antimotines, al mando de los oficiales comandados por el subcomisionado Abraham Figueroa, estaban listos para proceder, lo que hacía presagiar un enfrentamiento violento entre los protestantes y los uniformados.
"Había mucha tensión", recuerda ahora Figueroa. "Al fin llegó el momento en que debía de dar la orden de desalojarlos y usar gas lacrimógeno".
Sin embargo, en el momento en que pide a uno de sus subalternos oficiales que ejecute, ve entre los manifestantes "caras preocupadas, alteradas, angustiadas o temerosas" que miraban llegar el inminente ataque violento de los antimotines.
Ese panorama hizo reflexionar al jefe policial quien de inmediato dio la contraorden y optó por entrar a un proceso de diálogo con los dirigentes del movimiento.
Aquellos rostros le tocaron el lado humano al oficial. "Vi a esas personas y sentí que yo era parte de ellas. Eso me obligó a tomar otro tipo de decisiones", dijo Figueroa quien es el jefe de la Policía Metropolitana número DOS.
¿Siempre quiso ser policía?
No, el sueño que tuve en mi infancia era ser médico y estaba preparado sicológicamente para eso. La idea de que fuera médico venía de mi madre quien siempre me estaba induciendo que dirigiera todo mi esfuerzo hacia esa carrera.
De hecho a mí gustaba, pero después de que ella murió, todos los proyectos cambiaron y opté por las armas. Por ese tiempo me había matriculado en la carrera de derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Unah, pero con la idea de cambiarme a medicina.
Asegura que se siente más enamorado de su esposa Zaira que cuando fueron novios o se casaron.
¿Qué lo motivó a abrazar la carrera de las armas?
Me impresionaba el carácter conque eran formados los caballeros cadetes, tanto de la escuela militar como de la escuela de policía y el temple conque ellos actuaban. Eso vino a fomentar en mí ese deseo de querer ser así como ellos.
Allí me templaron mi carácter, me hicieron retomar la vida como era. Comprendí que tenía vocación de servicio.
La novia que tuve de por vida, con la cual me casé, me ayudó bastante en ese sentido.
¿Han tratado de sobornarlo?
Directamente han habido personas que han tratado de darme dinero, pero nosotros estamos bien conscientes sobre la calidad de individuos que se le van a acercar a un policía para querer sobornarlo.
Prácticamente, desde el primer momento en que se acepta un soborno, ése es el precio que le están pagando al funcionario policial por su servicio. Es decir, eso es lo que vale el funcionario policial. Gracias a Dios que hasta el momento todavía no le he puesto precio a mi carrera.
Ha habido personas que han mandado a decir: "dígale que le vamos a dar tal sobre lleno", algo incalculable, pero es allí donde uno tiene que pedir la dirección de Dios.
¿Lo han amenazado?
Sí, he recibido amenazas de personas que utilizan el teléfono o a terceros para que me hagan comentarios sobre sus intenciones, pero ya estamos acostumbrados a ello, tenemos que encarar la situación con serenidad.
Eso es parte de los riesgos profesionales que se corren en esta carrera y lo tomamos con bastante tranquilidad.
¿Lo han castigado sus superiores?
Como oficial nunca, pero sí cuando era cadete. Una vez nos excedimos en un castigo que le aplicamos a un cadete menos antiguo y estuve en el calabozo sesenta días. Eso me sirvió de ejemplo para saber lo difícil que son esas situaciones.
Cierta vez estuve observando las celdas de la primera estación y me puse a pensar que jamás he estado en una de ellas, pero sí estuve en algo que es similar o peor, o sea el calabozo de la entonces Escuela Nacional de Policía. Cuando yo estuve castigado me asaltaba una idea: ojalá que nunca vaya a estar preso en ninguna celda policial. Por eso no tomé el encierro como un castigo sino como una enseñanza.
Con sus hermanas durante un paseo por Bosques de Zambrano. Él es el menor.
¿Ha sentido miedo?
Yo siempre le he tenido mucho temor a las alturas. Cuando pasé al segundo año de estudios en la academia de policía, obligatoriamente se tenía que ir al curso de paracaidista. Quien no lo hiciera simplemente no podía continuar en la academia.
Durante los 21 días que estuvimos en entrenamiento, yo no dormí pensando en el momento en que tenía que saltar.
Se llegó ese gran día, yo sentía que el corazón se me salía. Los instructores notaron el miedo que yo tenía y entonces me pusieron en la primera línea. O sea que era el primero que tenía que saltar. Cuando estaba en la puerta del avión, listo para lanzarme al vacío, sólo cerré los ojos y me encomendé a Dios.
Cuando sentí que el paracaídas me levantó, en ese momento me di cuenta que los temores uno los tiene que enfrentar.
¿Ha sido infiel?
Como todo joven tuve varias novias, lo único es que mi esposa fue la oficial. Desde que la vi me enamoré de ella.
Fuimos novios siete años y siento que ahora la quiero mucho más que cuando nos casamos.
He sido bastante fiel, aunque no he sido perfecto. Como todo joven inmaduro, siempre tuve algunos deslices que afortunadamente no llegaron a marcar nuestras vidas. Antes de conocer a Dios me gustaba mucho andar en fiestas, pero finalmente he comprendido que la verdadera razón de una pareja es la fidelidad.
Su perfil
Nombre: Abraham Figueroa Tercero
Profesión: Abogado
Lugar y fecha de nacimiento: 1 de abril de 1963, Tegucigalpa
Esposa: Zaira Turcios de Figueroa
Hijos: Abraham, Alex Fernando y Lizi Sarahí
Al vuelo
Personaje: Jesús de Nazareth
Colores: Los de la Bandera Nacional
Equipo: Olimpia
Un libro: El Caballo de Troya
Un cantante: Camilo Sesto
Un anhelo: Ser director nacional de la Policía
Pasatiempo: Cuidar su jardín
Un sueño: Que la policía tenga laboratorios para sus investigaciones
Sus frases
Cuando fue ascendido a capitán posó con su esposa, su hija Lizi Sarahí y su hijo Abraham, después de la ceremonia.
"Tenía un padre que era muy exigente y muy estricto que no me permitía que invirtiera mi tiempo en actividades que no fueran las propias del estudio".
"La música de ahora tiende a fomentar la violencia, el desorden y la mala crianza. Yo sigo creyendo todavía en el amor. El reggaetón debería ser prohibido".
"En la Escuela Nacional de Policía recibí una formación que me marcó para toda la vida. Allí me templaron mi carácter, me hicieron retomar la vida".
"Vivíamos en el barrio San Pablo que colinda con El Manchén. Era centrodelantero y goleador por cierto, siempre me buscaban de otros equipos".
"Yo llegué a la policía queriendo lograr la satisfacción de cambiar mi carácter. Eso lo logré, pero luego me di cuenta que tenía ese espíritu de servir".
Extractos
Disciplina
"Yo fui cadete en la época de los ochenta cuando la formación era bien fuerte y orientada a la realidad de esa época en que se vivían momentos muy difíciles".
Estudiante
"En tiempos en que fui estudiante del Instituto Central Vicente Cáceres prevalecía el slogan de que quien lograba pasar es porque era bueno".
Dolor
"A los 17 sufrí uno de los golpes más grandes de mi vida al perder a mi madre, dependía mucho de ella. Comenzaron a bajar mis calificaciones y no le sentía un sentido claro a la vida".
Hogareño
"El tiempo que yo tengo libre lo dedico al cien por ciento a mi familia. Cuento los días para reunirme con ellos cuando salgo libre".