Una de las obras del escritor Mario Berríos, originario de Olanchito, será llevada al cine
“Jugaba descalzo para no gastar mi único par de zapatos”
Renán Martínez• tulio.martinez@laprensa.hn Fotos German Mejía


Prefiere escribir por la mañana y tomar apuntes e ideas durante toda la semana mientras trabaja como abogado.
Prefiere escribir por la mañana y tomar apuntes e ideas durante toda la semana mientras trabaja como abogado.
Olanchito, Yoro.

Desprecia un plato de caviar por una sopa de frijoles, y una fiesta de gala por un anochecer escribiendo en soledad. El escritor Mario Berríos se define como un enamorado de la literatura y de su ciudad natal Olanchito, donde vivió una niñez pobre, pero alegre e inquieta.

“Nunca he podido romper la unión con mi pueblo, donde quiera que esté, extraño el calor de la gente, de la familia, hasta el olor de la tierra”, confiesa el autor de “Los comandantes”.

En sus vacaciones escolares trabajaba como peón para ayudar a su madre, que se ganaba la vida gracias a una vieja máquina de coser.

“A los siete u ocho años ya ordeñaba, cuidaba café, hacía queso, mantequilla, montaba a caballo, herraba a los animales, trataba de ganarme mi peso en la misma hacienda de mis familiares”, recuerda.

Dice que tenía casi a diario una pelea en la escuela porque reaccionaba de inmediato ante una agresión, no sólo para defenderse a sí mismo, sino también para proteger a sus amigos y a sus primos.

“Nunca he puesto el otro lado del rostro, ni creo en eso”, confiesa.

Por esa época ya había despertado en él el gusanito de la lectura. “Aparte de que jugaba un partidito de fútbol diario, me leía un librito, pero también me tocaba una t

unda diaria porque mi madre no me soportaba”, señala.
¿Ya le gustaba escribir?
Varios compañeros que vieron en mi alguna facilidad de palabra y de escribir me buscaban con el objetivo de que les dictara cartas para las novias. Me daban cinco centavos por cada carta, ése fue el primer sueldo que gané de la literatura.
Para poder dictar la misiva les preguntaba cómo era el color de los ojos o del cabello de la muchacha y de esa manera me inspiraba.
¿Qué leía?
Recuerdo que el periódico llegaba a Olanchito hasta los 12 o 15 días cuando alguien, por ejemplo, viajaba y lo llevaba, luego lo tiraba. Entonces, cuando andaba en la calle, siempre buscaba páginas de periódico botadas. Las limpiaba bien y así leía noticias. A veces me iba donde una familia que alquilaba pasquines y novelas. Las que más me gustaban eran las de Marcial Lafuente.

También leía historietas de “Kalimán”, de “El enmascarado de plata”, “Blue Demon”, “La pequeña Lulú”, “Tuco y Tico”, pero también me llamaban la atención mucho las noticias sobre la guerra civil, la guerra fría, la revolución, los movimientos de los ejércitos.

¿Jugaba descalzo?
Sí, andaba descalzo toda la vida, tengo muchas cicatrices en los pies porque, por ejemplo, jugaba fútbol descalzo.

Tengo una uña que todavía se me cae porque se me deshizo prácticamente todo el dedo, ya que la pelota saltó y yo le di a una piedra, ja,ja,ja. El asunto es que había que cuidar el único par de zapatos que me había comprado mi mamá.

¿Por qué salió de Olanchito?
Tuve muchos inconvenientes, el primero fue que mi madre trabajaba en una máquina de coser y de esa manera nos mantenía. Yo miraba la situación muy difícil, por eso fue que a temprana edad decidí irme de la ca

sa para que la comida que mi madre ganaba sólo se repartiera entre ella y mi hermano. Yo voy a ver cómo hago en otro lado.

Además era muy aventurero, demasiado inquieto. Me fui a los 17 años y así me involucré en el ambiente militar.

¿Cómo llegó a ser policía?
Quería ir a la universidad, pero no tenía recursos. De repente miré que la Academia de Policía tenía la carrera de derecho, entonces pensé: “Esta es una opción”.
Así fui a la academia, donde me gradué como subteniente de Policía. Siempre me gradué con honores, al final también fui el graduado de honor de la promoción.
No es porque fuera inteligente, no me considero así, los inteligentes están en la Nasa, lo que quiero decir es que siempre le puse empeño y cariño a lo que hacía.
¿Estuvo en peligro de muerte?
Varias veces. Para el caso, en el ejército estuve en un grupo de choque y en cada misión llevábamos un grado de probabilidades de muerte, así que en ese sentido tuve un poco de suerte.

He visto morir compañeros al lado mío. Me tocó darles asistencia médica, llevarlos a un hospital, y en el último de los casos, también llevarlos a la morgue.

¿Le sirvieron los casos investigados para sus obras?
Desde pequeñito decía que publicaría, que escribiría.

Claro que todos los casos que me tocó conocer han sido materia prima para lo que escribo, especialmente situaciones como la del secuestro del hijo de Ricardo Maduro, que fue con el que entré al medio de la literatura con el libro “Los pájaros de Belén”.

Sabía que sería un caso impactante, que la gente le prestaría mucha atención, pero en realidad toda la época de la guerra fría me sirvió de materia prima para escribir.

También está el caso de la doméstica, en que tuvo que ver una señora Borjas, fue muy famoso. Todos esos casos me dieron herramientas para escribir, pero una cosa es conocer la historia y otra es escribirla y llevarla a la literatura.
¿Y el caso de “Luz Baja”?
Cuando comienzo a publicar ya tenía el interés por llevar a los lectores una obra que sirviera como ejemplo, para que la gente supiera cómo actuaban los criminales porque conociendo el problema es como se pueden prevenir daños a la sociedad. Entonces pensé: “Tengo que fundamentarme en un personaje”.

Hice un análisis y valoré a los delincuentes de mayor perfil y llegué a la conclus

ión de que el más criminal de todos, era “Luz Baja”. Así que dije: “Con este personaje tengo que trabajar”. Me di a la tarea de localizarlo, le hice varias entrevistas y así fue como al final surgió el libro “Un payaso en el delito”, que ha impactado mucho.

¿Ya escribía cuando estaba en la Policía?
Sí, siempre he escrito, por ejemplo de niño escribí mucha poesía, de hecho todavía guardo algunas, pero ya de cierta edad para acá pensé que no era mi estilo la poesía, así que me incliné a la narrativa.
Por ejemplo, “Los comandantes” es un libro que estuve escribiendo durante 17 años. Es el cuarto que publico, pero en realidad es el primero que comencé a borronear.

Uno que publicaré este año, sobre narcotráfico, supuestamente lo he estado escribiendo también durante casi toda esa cantidad de tiempo.

El asunto es que estamos viendo si llegamos a un acuerdo con una editorial española, pero quiere que les ceda la exclusividad de los derechos en todo, y yo prometí desde un inicio que no le cedería derechos en forma exclusiva a nadie, tal vez por eso no lleguemos a un acuerdo.

¿Cuál es su libro consentido?

Creo que el autor es como el padre, que a todos sus hijos los quiere igual.

He puesto la misma pasión en cada obra y he sentido también la misma respuesta de los lectores.

Cuestión aparte es que otras personas hayan puesto especial interés en obras como “Los pájaros de Belén”.

Ya me buscaron para que cediera derechos para llevarlo al cine; actualmente están preparando la pro

ducción de la película.

Cuando publiqué “Los pájaros de Belén” supe que esa obra era para literatura y cine, pero pensé que alguien dentro de 50 o 100 años realizaría una película.
Mi sorpresa es que un día aparecen unos señores y me dicen que quieren hacer una.
¿Se ha visto como personaje dentro de alguna novela?
Creo que siempre hay algo de uno en lo que se escribe. Por ejemplo, en “Los pájaros de Belén” se narra parte de las acciones que ejecutamos cuando fui asignado por el alto mando a fin de coordinar las actividades, tanto de la Policía uniformada como de la Dgic, para comandar un grupo en contra de los secuestradores.

Su perfil

Nombre: Mario Berríos
Profesión: Abogado y escritor, graduado con honores como teniente de Policía
Lugar de nacimiento: Olanchito, Yoro

Al vuelo

Un cuentista: Armando García
Un poeta: Hebert Sorto
Un novelista: Julio Escoto
Un escritor extranjero: Ernesto Hemingway
Signo: Libra

Partido: Liberal
Virtud: Ser estricto
consigo mismo
Equipo: El que gana
Pintor: Fabio Cárcamo
“El Quijote”: Una obligación leerlo

En corto

Comida favorita: Frijoles, queso y mantequilla
Predilección musical: Melodías hondureñas
Religión: Católica
Al vuelo

Ideología: Derecha
Deseo: Que haya más afición por la literatura hondureña
Incomodidad: Tener que
ponerse saco y corbata
Primos más queridos: Bilo Paredes y Dayani Cárcamo

Extractos

Escolar
“Me sentí atraído por ayudar a los débiles, por eso peleaba mucho, no tanto porque tuviera problemas, sino por proteger a otros niños o a mis primos, a los que cuidaba por razones especiales, aunque ellos fueran
mayores”.

Milicia

“En el ejército logré obtener el grado de sargento en las Fuerzas Especiales. De tropa regular pasé a tropa especial, que era una fuerza de choque contra todos los grupos guerrilleros, tanto urbanos como rurales”.

“Desde pequeño pensé que sería cantante y cuando entré a grabar mi discos, me dijeron en la radio: ‘Usted no es cantante, pero como locutor le daremos oportunidad’”.

Policía
“Estuve en grupos de choque y tareas de inteligencia, de investigación criminal, en el escuadrón Cobra y en la Dirección Nacional de Investigación”.
Detective
“Siempre había algo que aprender en cada caso que me tocaba investigar. Cada uno era diferente, hasta el caso que parece más sencillo resulta ser el más complejo”.
Concepto
“No lo llamo crimen organizado, porque éste no existe; los casos y los autores tienen nombre y apellido”.

En corto

Comida favorita: Frijoles, queso y mantequilla
Predilección musical: Melodías hondureñas
Religión: Católica
Al vuelo

Ideología: Derecha

Cada vez que visita Olanchito hace un recorrido por la comunidad para saludar y compartir con sus familiares, que siempre lo reciben con alegría.

Deseo: Que haya más afición por la literatura hondureña
Incomodidad: Tener que
ponerse saco y corbata
Primos más queridos: Bilo Paredes y Dayani Cárcamo

Sus frases

“Otro aspecto que también sirvió de combustible a mi pasión por la literatura fue el acercamiento que tuve toda la vida con la familia de Ramón Amaya Amador”.

“En ese ir y venir de alquilar casa y querer independizarse, mi madre sola con sus hijos, fuimos a dar hasta Juticalpa, Olancho. Allá hacía vestiditos que iba a vender a las aldeas pequeñas”.

“Me siento agradecido con el Estado, no con las Fuerzas Armadas, porque las academias no son de las Fuerzas Armadas sino del Estado”.

“No me he sentido atado al ámbito militar o policial. Las ataduras de un ciudadano deben ser con su Patria, no con las instituciones ni con las personas”.

“No cedo derechos exclusivos a ninguna editorial porque después uno no puede firmar contrato para que alguien haga una película, como sucede ahora con ‘Los pájaros de Belén’’, que será llevada al cine”.

Llegó a su ciudad natal a participar en un encuentro de escritores hondureños y extranjeros.




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