Allan Dunaway relata cómo contrajo el vih/sida y la lucha que libra contra la enfermedad junto a su esposa Rosa y su hija Keren
“Decidimos no acostarnos a esperar la muerte”
Renán Martínez • Fotos German Mejía // tulio.martinezSPAMFILTER@laprensa.hn


Fue duro al principio porque comenzaron a señalar a la familia: ellos son los que tienen sida, no te les acerques.  “La gente creía que simplemente por estar a la par nuestra se iban a infectar”.
Fue duro al principio porque comenzaron a señalar a la familia: ellos son los que tienen sida, no te les acerques. “La gente creía que simplemente por estar a la par nuestra se iban a infectar”.
San Pedro Sula.

Aquella Navidad de 1994, la enfermedad de nuestra primera hija Andrea, de sólo cinco meses, llegó a enturbiar la felicidad del hogar que había formado con Rosa González.

Los médicos no sabían que más hacerle a la niña. No encontraban la causa de aquella enfermedad que rápidamente la estaba aniquilando.

De repente, uno de ellos dijo que era necesario hacerle una prueba de vih, pero en aquellos tiempos no se hacían esos exámenes aquí en Honduras. Le tomaron la muestra y la mandaron a Costa Rica un 24 de diciembre, pero la niña falleció el 26 de ese mes y el resultado vino tres semanas después con el membrete de inconcluso.

Jamás imaginamos que pudiera ser positivo, pues creíamos que el sida era para los homosexuales o las trabajadoras del sexo.

Aquella Navidad la pasamos en una clínica con nuestra hija, tomándole la mano, sin siquiera poder darle un beso porque estaba con una campana de oxígeno.

Cinco meses después mi esposa volvió a salir embarazada y nació nuestra hija Keren. Exactamente cuando la niña tenía cinco meses, sucedió lo mismo que con Andrea. Se enfermó y presentó los mismos síntomas. La historia se repetía. La internamos en una clínica sin saber qué es lo que pasaba. Ni los médicos acertaban que tenía. Entonces decidieron mandar a practicarle la prueba del vih a la niña y a nosotros también. Esas pruebas ya las hacían en Honduras. Una tarde de abril el doctor nos dijo sin mayores preámbulos: "su hija tiene sida, usted tiene sida y su esposa tiene sida". Eso fue... ¡ay Dios mío! no sé cómo describirlo, fueron tres golpes en uno sólo, como tres martillazos en la cabeza.

En ese momento sentí que todo terminaba. Miraba nubarrones negros que venían hacia nuestras vidas. Éramos una pareja joven con muchos sueños y esperanzas como todo matrimonio que ansía formar una familia. De repente, nos vemos enfrentados al fantasma de una muerte segura.

Cómo me infecté

A Rosa la había conocido en una discoteca del barrio Las Palmas el 18 de noviembre de 1988. La saqué a bailar y comenzamos a platicar. Intercambiamos números telefónicos, hubo una atracción espontánea. Fuimos novios durante cinco años, después convivimos casi dos años y ahorita vamos a cumplir 13 años de casados o sea que tenemos 20 años de estar juntos.

Con el apoyo de varias instituciones salió a la luz pública con la Fundación Llaves.

Con el apoyo de varias instituciones salió a la luz pública con la Fundación Llaves.

Yo me infecté de vih y no lo supe hasta que me casé con Rosa. Siempre he dicho que si yo lo hubiera sabido, no me hubiese casado ni tenido hijos. Pero eso es lo más terrible de la enfermedad: uno anda el virus en la sangre y no se da cuenta, es decir que tenía cuatro o cinco años de haberme infectado cuando me casé con Rosa. Después ella le transmitió la enfermedad a nuestras dos hijas: a Andrea la que falleció y a Keren que ahora la tenemos aquí con nosotros.

Siendo adolescente iba con mis amigos a los burrunches como llamábamos a los lupanares que estaban concentrados en Sunseri. Tomábamos un bus de la empresa Paredes, ya desaparecida, para llegar a la zona roja donde, por supuesto, teníamos relaciones sexuales con las mujeres que allí vendían sus favores. Sin embargo, la situación de nuestros desenfrenos fue más fuerte cuando yo ya tenía trabajo y disfrutaba de buenos ingresos, allá por el 91.

Salía los fines de semana con amigos, ingeríamos muchas bebidas alcohólicas y tenía contactos sexuales con las mujeres de los cabarets que estaban muy de moda. De repente amanecía acostado con mujeres a las que ni siquiera el nombre les sabía. En uno de esos momentos, calculo, me infecté.

Pensábamos en el final

Rosa nunca me recriminó por ese pasado ni por haberle infectado. Juntos llevamos la cruz de la enfermedad y del desprecio social, después de aquel cruel diagnóstico.

Nos imaginábamos sufriendo nuestros últimos momentos en una cama.

Con una niña de cinco meses, los tres viviendo con el virus y para colmo, en la clínica, nos dijeron que mejor nos saliéramos, que ellos ya no podían hacer nada por nosotros. A nuestras espaldas escuchábamos a las enfermeras cuchichear sobre los resultados de las pruebas que nos habían hecho.

Nos fuimos para el hospital Mario Rivas, allí nos aceptaron, pero todo ese proceso fue súper doloroso. Pensábamos que pronto sucedería con Keren, lo mismo que sucedió con Andrea, que iba a fallecer y que después seguiríamos nosotros.

Estuvimos en ese hospital, casi mes y medio con la niña internada.

Yo estaba tratando de volver a mi trabajo de vendedor de artículos de oficina, pero era imposible trabajar en esas circunstancias. Iba a visitar clientes pero después regresaba al hospital para saber cómo seguía mi hija, cómo estaba mi esposa. Fue un mes y medio terrible. Gracias a Dios nuestras familias nos apoyaron. Regresamos a la casa, pero con un futuro oscuro, a tal grado que nuestra familia nos compró un lote en el cementerio porque también tenía la certeza que nuestro fin estaba cerca.

Su hija Keren ha estado en dos ocasiones al borde de la muerte. También le acompaña Rosa y su sobrina Mildred.

Su hija Keren ha estado en dos ocasiones al borde de la muerte. También le acompaña Rosa y su sobrina Mildred.

Sin embargo, pasaron ocho meses y nosotros todavía estábamos allí, sin que nada de lo que esperábamos hubiese pasado.

Entonces dijimos: tenemos que hacer algo, busquemos información y ayuda. Empezamos a buscar organizaciones de apoyo y nos dimos cuenta que no existían. Sólo estaba la Fraternidad Sampedrana de Lucha contra el Sida, que trabajaba en el tema de la prevención, pero no había nadie que tendiera la mano a los que ya vivíamos con la infección.

El hospital atendía a los enfermos que llegaran, cualquiera que fuera su caso, porque esa era su obligación, pero no había ningún médico especializado en sida.

Allí fue cuando surgió la idea de que teníamos que organizar algo como lo que hoy es la Fundación Llaves.

Comenzamos a hablar con la gente seropositiva sobre la necesidad de hacer algo por nosotros, de borrar el estigma de la discriminación, buscar la forma de obtener medicamentos y no simplemente acostarnos a esperar la muerte.

Nuestro futuro

Siempre tenemos el pensamiento de que puede ocurrir un desenlace en cualquier momento, pero lo comparamos con la situación de violencia que vive nuestro país: no necesariamente hay que estar infectado en estos tiempos para morir de repente.

No sabemos cuando podemos enfermarnos, pero estamos preparados con medicamentos, tratamos de no saltarnos las dosis. Sabemos que en un momento dado nos podemos enfermar. De hecho, yo ya perdí mi vista porque además padezco de diabetes y el problema se agrava porque tenemos las defensas bajas.

No podemos tapar el sol con un dedo. Sabemos lo que tenemos, sabemos también que la enfermedad es controlable, pero que llega un momento en que eso ya no es posible.

También hemos pensando en el futuro de Keren, en caso que nosotros faltáramos primero.

Ya hemos hablando con nuestras familias sobre esa posibilidad y ellos ya saben lo que tienen que hacer.

La niña no puede interrumpir sus estudios mientras tenga fuerzas para seguir. Ahora mismo estamos buscando un colegio donde puede continuar su educación secundaria, pues acaba de terminar su primaria.

Buscamos una institución que no sea víctima del rechazo a causa de su condición de vih positiva. Que le den un trato igual a las demás niñas.

Es el portavoz de muchas personas que como él viven con el vih/sida, algunas de las cuales se mantienen en el anonimato.

Es el portavoz de muchas personas que como él viven con el vih/sida, algunas de las cuales se mantienen en el anonimato.

Su sueño es realizar sus estudios universitarios fuera del país y estamos trabajando desde ya para que logre hacer realidad ese anhelo, talvez mediante una beca.

Es una niña bien informada sobre su enfermedad y por lo tanto, está preparada para su futuro matrimonial en caso de que lo logre concretar.

Incluso, imparte charlas sobre el vih/sida. Está bien capacitada y sabe que, como todo ser humano, algún día tendrá que enfrentar una relación, pero sabrá en que momento y como hacerlo.

Nuestra vida como pareja con Rosa sigue siendo normal en la medida que esta situación lo permite.

Podemos mantener relaciones sexuales sin el riesgo de reinfectarnos, sí usamos el condón.

Todos los mañanas nos levantamos a trabajar con entusiasmo, en la fundación, dando gracias a Dios por permitirnos otro día más de vida.

Su perfil

Nombre: Allan Enrique Dunaway Mejía

Profesión: Perito Mercantil y Contador Público

Cargo: Presidente de la Fundación Llaves

Lugar y fecha de nacimiento: San Pedro Sula,

5 de mayo de 1969

Esposa: Rosa González

Hija: Keren

Al vuelo

Equipo: Motagua

Un cantante: Juanes

Un libro: Adolf y Eva

Color: Azul

Una flor: La rosa

Personaje: Mandela

Una melodía: Color esperanza

Pasatiempo: Ir de tiendas "aunque sea sólo a ver"

Bebida: Té verde

Orgullo: Haber obtenido el galardón: "Mi héroe 2007"

La pequeña Keren lo acompaña a los diferentes eventos que lleva a cabo la Fundación Llaves en la prevención y combate del sida.

La pequeña Keren lo acompaña a los diferentes eventos que lleva a cabo la Fundación Llaves en la prevención y combate del sida.

Extractos

Rechazado

"En 1997, que una persona dijera que tiene vih era apartarse de la sociedad, que lo sacaran de las colonias, de los barrios, de la casa, y nosotros lo dijimos públicamente".

Aislados

"No teníamos derecho a nada como si hubiésemos cometido un delito. Nos trataron como criminales. Que no deberíamos salir de la casa, que sólo deberíamos estar esperando la muerte".

Hija

"A Keren la discriminaban en los parques cuando salíamos a pasear. Los niños no jugaban con ella porque decían que sus padres nos les daban permiso. Eso nos rompía el corazón".

Llaves

"Una secretaria comercial y un vendedor de equipo de oficina, hemos levantado una organización, considerada una de las más reconocidas en Centroamérica en el tema del vih".

Sus frases

1. "No sabemos cuándo podemos enfermarnos, pero estamos preparados con medicamentos, tratamos de no saltarnos las dosis y alimentarnos adecuadamente".

2. "No podemos tapar el sol con un dedo. Sabemos lo que tenemos, que es controlable, pero que llega un momento en que eso ya no es posible".

3. "Estábamos desahuciados y no nos quedaba más que esperar un final duro y doloroso, sabiendo lo que era el sida".

4. "En el hospital supimos que habían más personas en nuestra misma situación. Familias abandonadas que nadie quería apoyar".

5. "No teníamos ingresos porque no nos daban empleo en ninguna parte. Nuestros familiares nos ayudaban a pagar la renta".

6. "Si nos dieran la oportunidad de demostrar lo que somos capaces, las personas con vih/sida seríamos productivas para el país".




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