Argelio Sabillón dice que gracias a las críticas de los medios ha logrado rectificar sus errores en el arbitraje
“Cuando fallaba no comía dos días"
Renán Martínez // tulio.martinezSPAMFILTER@laprensa.hn


Santa Bárbara.

Argelio Sabillón nunca se imaginó que la hacienda donde trabajaba desde niño como ordeñador de vacas con el tiempo sería suya.

A la edad de cinco años empezó a andar al anca en una bestia con dos botes de leche, ordeñando las vacas en aquella propiedad de Gualala conocida como Santa Rosita, donde ahora también tiene un balneario.

Allí vivía con su abuelita, doña Evangelina Sabillón, y un tío que lo crió y educó como a su propio hijo.

Llevaba la leche en una bestia adiestrada para recorrer solamente el camino de la hacienda a la casa de Gualala donde su abuela hacía el queso, la cuajada y la mantequilla.

"Nuestra abuelita nos amarraba un pedacito de dulce con un calabazo de agua, un pedacito de cuajada, un huevo duro y unas ocho tortillas y nos mandaba a trabajar a este sector", dice el conocido árbitro de fútbol.

"Nunca pensé que con el tiempo llegaría a ser el dueño de esta propiedad, pero la perseverancia y el trabajo lo hacen triunfar a uno", manifestó.

Aparte de su esfuerzo encontró la protección de su tío don Justiniano Sabillón Fernández, quien "nos condujo por el camino del trabajo y de la honestidad. Si no hubiese sido por él, nuestro destino habría sido otro", expresa.

¿Qué enseñanza le dio?

La primera vez que nos iba a dar el sueldo, me dijo: Argelio, yo te puedo comprar la cama para que podás dormir, pero si lo hago no la vas a cuidar, prefiero que la comprés ahorrando dos lempiras semanales y cuando tengás los 55 lempiras, la podás comprar. Así lo hicimos y compramos la cama que todavía tengo de recuerdo. Ése es el ejemplo que ahora doy a nuestros hijos, porque de esa forma se pueden alcanzar grandes metas, por muy imposibles que parezcan.

Entre las banderas de los equipos que tiene en su propiedad falta la del Olimpia. Argelio dijo que no la tiene porque siempre se la roban los santabarbarenses, que en su mayoría son olimpistas.

Entre las banderas de los equipos que tiene en su propiedad falta la del Olimpia. Argelio dijo que no la tiene porque siempre se la roban los santabarbarenses, que en su mayoría son olimpistas.

¿Ya le gustaba el fútbol?

Empecé a jugar fútbol desde niño, que por cierto a mi tío no le gustaba.

Recuerdo que jugábamos en equipos de Gualala como el Mandofer, pero nuestra abuelita era tan estricta que para que pudiésemos ir al campo de fútbol debíamos ir a traer un tercio de leña al río. Si nos íbamos a escondidas, cuando volvíamos estaba el chilillo sobre nosotros.

¿Jugó descalzo?

Me vine a calzar a la edad de cinco años cuando me trajeron para Santa Bárbara. Un día que el tren de aseo no pasó me mandaron a botar la basura al río y resulta que en esos días mi tío me había comprado un par de burros con remaches y da la casualidad que cuando llevaba la basura al río, me unté de la suciedad y decidí tirarme al río y cuando me quité la ropa y los zapatos para bañarme, me los roban.

Mi castigo fue andar cuatro o cinco días descalzo. Cuando iba a traer las tortillas, me preguntaba la tortillera por qué andaba descalzo. Como me daba pena, le decía que porque estábamos lavando la casa.

¿Cómo se convirtió en árbitro?

Hubo un curso de árbitros en Santa Bárbara que llevó el señor Raimundo Cálix cuando yo jugaba en el Real Juventud. Resulta que no había el cupo de diez elementos, necesario para impartir el curso. Entonces él se acercó y me dijo: Argelio, le miro a usted que puede tener condiciones para ser un árbitro y necesitamos el cupo para hacer el curso. No hay ningún problema, le dije, con todo gusto. Y fui uno de los mejores alumnos.

Después me invitaron a un curso internacional que se realizaría en Tela, sin haber tenido yo la categoría nacional.

Cuando presenté el currículo, el mexicano Javier Arriaga Muñiz dijo que yo no podía participar porque no tenía categoría nacional, pero que si era árbitro y estaba preparado en ese momento me ponía un examen y, si lo aprobaba, me podía quedar en el curso.

“El árbitro debe ser una persona decente con una moral intachable, entregado a su profesión las 24 horas”, dice el presidente de los tocapitos.

"El árbitro debe ser una persona decente con una moral intachable, entregado a su profesión las 24 horas", dice el presidente de los tocapitos.

Resulta que obtuve 98 por ciento y serví de ejemplo para los demás porque decía don Javier: El árbitro debe estar preparado las 24 horas del día, no sólo durante los noventa minutos de juego.

¿Cuál fue su partido más conflictivo?

Fue Motagua-Marathón en Tegucigalpa, donde prácticamente le metieron fuego al estadio porque anulé dos acciones de gol al jugador motagüense álvaro Izquierdo.

Una porque no dejó rodar el balón, antes de que su compañero disparara al marco, al cobrar una falta a favor de su equipo. Sólo se paró en la pelota y el otro jugador disparó, anotando el gol. El reglamento dice que el balón debe entrar en juego, para lo cual debía rodar un trayecto igual a su circunferencia.

Poco después, el mismo álvaro Izquierdo se afianzó en un jugador al momento de hacer un saque de esquina y anotó de cabeza, entonces yo sancioné la falta. En el último minuto, el Marathón le anotó a Motagua.

Entonces se enfureció la gente y rompió los portones porque Diógenes Cruz, a quien Dios en gloria lo tenga, era tan aficionado al Motagua que incitaba a la gente diciendo que no era posible que un árbitro estuviera perjudicando al Motagua.

Salimos por el subterráneo y recuerdo que ya estaba en Santa Bárbara y todavía le estaban metiendo fuego a las graderías allá en el estadio.

¿Le molestaba que los aficionados no aceptaran sus fallos?

Recibimos orines, tomates, huevos, naranjas, mangos: de todo. Sabemos que el aficionado va a un campo de juego a botar el estrés del trabajo, de sus hogares. Por eso paga.

Entonces el árbitro debe estar preparado para eso, pero siempre esperando el debido respeto.

¿Tiene sentimiento por algún equipo?

Sí, tengo un sentimiento por un equipo muy especial, el equipo de los árbitros, porque es el que nunca puede perder.

Considera que el nivel profesional alcanzado durante su carrera no le permite simpatizar con ninguno de los equipos.

Considera que el nivel profesional alcanzado durante su carrera no le permite simpatizar con ninguno de los equipos.

¿Ha sentido remordimiento por un mal fallo?

Por supuesto, cuando uno es así, con su corazón, limpio e intachable, se siente mal por algún error involuntario en un juego.

A veces, cuando fallaba no comía durante dos días pensando que había cometido aquel error y que por culpa del mismo había perdido tal equipo.

Eso me llevaba a veces a pedir perdón a las autoridades deportivas. Por eso es recomendable oír a las personas conocedoras del fútbol para corregir los errores.

¿Recuerda alguna anécdota?

Sí, en un partido en Puerto Cortés a un árbitro asistente mío le gustaba el Olimpia, al cual en esa ocasión le estaba ganando el Platense.

De repente, Platense iba a anotar el segundo gol en una posición prohibida y no alcancé ver el banderín que él me mostraba. Tuvo entonces que arrancar la banderola del saque de esquina para que yo pudiera observar y que no le anotaran el gol a su Olimpia.

¿Aspira a ser alcalde?

En este momento le puedo decir que sí porque siento que teniendo la máxima autoridad de un municipio, puede hacer tantas cosas uno por esta gente que necesita.

Como vicealcalde siento que estoy ayudando a la gente a resolver sus necesidades.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de su vida?

Fue cuando el secuestro de Verónica Isabel.

Fueron cuatro días de suspenso, momentos en los cuales uno no tiene más que agarrarse del Señor y pedirle que así como se habían llevado a mi hija, me la regresaran. Dios me dio la fuerza para soportar esas cosas.

¿Hasta cuándo dejará definitivamente el arbitraje?

Es difícil. Éste es un vicio, porque cuando no estoy pitando o viendo fútbol me siento incómodo.

Incluso lo practico aquí en la propiedad con mis trabajadores.

Su perfil

Nombre: Argelio Veaney Sabillón

Profesión: Perito mercantil y contador público

Lugar y fecha de nacimiento: Gualala, Santa Bárbara, 30 de enero de 1957

Estado civil: Casado con Ramona Isabel Caballero

Hijos: Argelio Enrique, Evangelina y Verónica Isabel

Al vuelo

Lectura favorita: Historia del fútbol

Música: Ranchera

Colores de la suerte: Rojo, verde y marrón

Personaje: Don Quijote de La Mancha

Anhelo: Que sus hijos tengan la educación adecuada y el don de servicio

Plato favorito: Tepezcuintle, frijoles y cuajada

Predilección: Cuidar animales silvestres

Dicha

"Pedí a Dios que me pusiera una mujer comprensiva y hogareña y que me hiciera feliz como lo ha hecho la carrera del arbitraje. Admiro de ella su honestidad, sinceridad y el deseo de superar la familia".

Dios nos ha dado la vida que consideró conveniente.

Dejarle todo esto a nuestros hijos, que tengan una educación adecuada y les sirvan a los demás".

Destino

"Mi tío quería que yo estudiara agronomía porque me interesaban las vacas: herraba, vacunaba, lazaba y ordeñaba, pero al final estudié en Santa Bárbara para ser perito mercantil y contador público".

Sus frases

1. "La prensa me ayudó mucho a reconocer los errores. Sin su ayuda hubiera pensado que todo lo que hacía estaba bien".

2. "Lo que hago, fuera de mi trabajo, es brindarme al pueblo de Santa Bárbara. Como vicealcalde, trato de arreglar las calles de los sectores marginados".

3. "Espero que la gente de Santa Bárbara pueda fijar sus ojos en las personas que necesitan para el mejoramiento y el desarrollo de su comunidad".

4. "En mis 50 años no sé qué es una cerveza ni un cigarro. Mi tío me inculcó que no buscara esas cosas que perjudican la salud".

5. "He sido el único árbitro que se ha despedido con un estadio lleno, en medio de los aplausos, en el partido entre Honduras y Colombia".

Extractos

Imparcial

"Santa Bárbara se caracteriza por ser olimpista, pero en el nivel profesional al que he llegado en el arbitraje ya no me interesan los colores de los equipos, sino salir muy bien librado en un partido de fútbol".

Creyente

"Antes de un partido o de cualquier cosa me encomiendo a Dios. Quien no tiene a Dios en su corazón es como un barco a la deriva, sin brújula, por eso es oportuno decirle a los árbitros que primero Dios que todas las cosas".

Infancia

"Mi abuelita me mandó a hacer un par de zapatos a los que les puso chicles metálicos atrás y adelante. En la escuela no me dejaban jugar calzado, porque les rompía la chimpinilla con los mentados chicles".

Matrimonios

"Me casé la primera vez a los 19 años y me divorcié a los 21, tal vez porque me casé muy joven, pero en el segundo matrimonio Dios me puso en el camino una mujer comprensiva y dedicada a su hogar".

Sueño

"Dios sabe por qué no alcanzamos el sueño de haber estado en un Mundial con la carrera de arbitraje".




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