Los hondureños vivimos una vida prestada o hipotecada, que es lo mismo. Nos hemos acostumbrado a disponer de los recursos que no tenemos, lo cual se ha vuelto un vicio, una más de las irrealidades en que vivimos. El problema es cuando no podemos pagarlos y entonces se nos olvida lo que disfrutamos y empieza el calvario; como dijera Mark Twain: "Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover". Poco nos importa pagar el combustible que derrochamos con dinero prestado, circular por carreteras que aún debemos o construir represas para pagarlas dentro de 25 años, la fiesta de hoy nos hace olvidar la obligación de mañana; es cultura nuestra, debidamente fomentada por quienes nos gobiernan.