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La muchacha del parque

Antes de cruzar la calle vio que un muchacho bien vestido cruzaba del otro extremo cuando inesperadamente apareció un camión a toda velocidad y lo atropelló
06.11.09 - Actualizado: 06.11.09 05:37pm - Jorge Montenegro: redaccion@laprensa.hn

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San Pedro Sula,

Honduras

La brisa que llegaba del mar hacía soportable el calor que se sentía en Puerto Cortés. En aquel tiempo no había modernos edificios y existía un hotel de madera de dos pisos cuyo propietario era un español. Las vías de comunicación eran deplorables y para llegar al puerto desde la capital se necesitaban dos y hasta tres días de camino.

Aprovechando la tarde y la brisa del mar la joven Laura Noran y dos de sus mejores amigas se fueron al pequeño parque ubicado en el centro de la ciudad; tomadas de las manos llegaron a las bancas del parquecito y riendo alegremente comentaban las cosas que les pasaban. Aquella costumbre de visitar el parquecito alegraba a las muchachas amigas de Laura, eran inseparables y se confiaban sus asuntos personales.

Una tarde, las amigas de Laura le anunciaron que sus padres se trasladarían al siguiente día a la ciudad de San Pedro Sula; mientras caminaban por el parque se abrazaron en una despedida que provocó angustia y lágrimas. Pasaron los días y Laura no dejó su vieja costumbre de ir al parque a disfrutar de la frescura de la tarde y del canto de los zorzales que andaban en las copas de los árboles cercanos. Tenía la vista fija en un punto, pensando en sus amigas, aún no sabía nada de ellas, lanzó un suspiro y se levantó de la banca para dirigirse a su casa.

Antes de cruzar la calle vio que un muchacho bien vestido cruzaba del otro extremo cuando inesperadamente apareció un camión a toda velocidad y lo atropelló. Inmediatamente Laura corrió para ayudar al muchacho mientras el motorista había logrado detener el vehículo ,al que se le habían soplado los frenos.

“¡Ayuda, ayuda, por favor! -gritó Laura- ¡Ayuda! ¡Este muchacho se va a morir!”.
La gente corrió al lugar para prestar la ayuda necesaria, llegaron los del camión y se llevaron al joven. Laura se subió al auto para estar cerca del atropellado, cuando llegaron a la casa de un médico reconocido, el joven abrió los ojos y vio a Laura.

“Gracias, señorita, gracias. Quizás nos veamos después”, dijo.
Y en ese mismo instante expiró.

Bajaron su cuerpo del vehículo y el médico vio que ya no podía hacer nada por él. Poco después llegaron los familiares del joven y se llevaron su cadáver, le agradecieron a Laura todo lo que había hecho por él desde el momento en que fue atropellado.

“Gracias por haber ayudado a mi hermano Luis”, le dijeron. Apesarada, Laura regresó a su casa y contó lo sucedido a sus padres, quienes se sintieron orgullosos de ella por su valentía en aquel momento tan difícil para el muchacho ya difunto. Las penas se fueron de pronto cuando le entregaron un sobre sellado, era carta de sus mejores amigas que le escribían desde San Pedro Sula.

“Al fin, era la carta que estaba esperando. Gracias mamá”. “Laura, no sabes cómo te extrañamos, nos hace mucha falta ir contigo al parquecito del puerto. Papá está trabajando y le va bien en la empresa, posiblemente iremos a visitarte dentro de dos semanas. Ah, te cuento que mi hermana ya tiene novio, ya sabes cómo es ella de callada, no dice nada de nada. Te queremos mucho”.

Laura metió la carta en el sobre y apretándola con cariño dijo: “Qué bueno, van a venir dentro de dos semanas”.
Desde aquel instante comenzó a contar los días para la llegada de sus amigas, su mente alargaba más el tiempo, a veces se desesperaba por la reunión que tendría en el parque con ellas, en otras ocasiones tenía paciencia, se relajaba y dormía plácidamente, los nervios la traicionaban porque la emoción de estar de nuevo con las muchachas era tremenda. Una mañana, cuando arreglaba sus cosas después de bañarse, sintió que había alguien en el cuarto. Vio hacia todos lados con temor, luego se dijo a sí misma: “Estos nervios no los soporto, mis amigas me tienen muy nerviosa”.

Luego, en el comedor le sirvieron el desayuno y mientras platicaba con sus padres comentó:
-Estoy tan nerviosa con la llegada de mis amigas que cuando arreglaba mi cuarto sentí que había alguien detrás de mi. Imagínense mamá cómo estoy de desesperada por verlas.
La mamá la quedó mirando y manifestó:

-Qué raro. Juraría que ya te habías levantado porque escuché unos pasos en la sala, te llamé y nadie contestó. Posiblemente estamos muy afectadas en nuestra imaginación, me tienes contagiada con tus cosas, ja, ja, ja, ja.

Todo marchaba bien, en aquel tiempo era muy difícil la comunicación telefónica, había que ir a la alcaldía y esperar horas dándole vuelta a una manivela del teléfono. Por la tarde Laura estuvo en el parque, platicó con varios amigos que siempre le preguntaban por las muchachas y aprovechó para anunciar que llegarían el fin de semana. Regresó a su casa, comió, platicó con sus papas comentando las cosas del día y a las ocho de la noche se fue a su cuarto. A las once de la noche se levantó a tomar agua, el calor estaba insoportable, abrió la ventana que daba al solar y se quedó mirando las estrellas. El pánico se apoderó de ella cuando de nuevo sintió que había alguien en la habitación:

-No tengas miedo, Laura, soy yo, el que murió atropellado por el camión.
Sintiendo que se desmayaba, se sentó sobre la cama y escuchó aquella voz cavernosa:
-Tus amigas van a sufrir un accidente y las dos van a morir a menos que yo impida su viaje.
Como pudo, Laura dijo: -Por favor, no dejes que mueran mis mejores amigas.
-Te debo un favor -dijo el muerto- no dejaré que vengan.

Al día siguiente Laura no dijo nada, estaba pensativa y asustada, fue su papa quien llego con la noticia.
-Laura nos acaban de avisar que el papá de tus amigas tuvo un accidente en la carretera, pero ellas no venían con él. Dicen que en la entrada a San Pedro Sula un carro chocó contra el auto en el que viajaba el señor.
Laura se desmayó y al volver en sí contó a sus padres la experiencia sobrenatural que había tenido en la noche. Oraron por el alma del difunto que desde el mas allá había salvado las vidas de las amigas de Laura. Extraño pero cierto.

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Caricatura de Esdras Solís.
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