Honduras
El corazón de San Pedro Sula parecía la zona cero de una tragedia.
La Policía Nacional y los militares de la 105 Brigada de Infantería después de cinco días de caos recuperaron la paz perdida en El Centro y pusieron en su sitio a un grupúsculo de seguidores del ex presidente Manuel Zelaya Rosales quienes pasaron de protestar pacíficamente a realizar actos vandálicos.
Vidrios rotos, negocios saqueados, terror entre los comerciantes y pérdidas incuantificables es el saldo preliminar de la anarquía que parecía no tener fin.
El comercio vivió los peores días de esta crisis, pero lo que más repudio ha causado a la población es el daño despiadado que los vándalos dejaron en la fachada de la catedral y en el parque central.
No hubo rincón que no marcaran con insultos y consignas. Hasta la capa de asfalto de la Tercera Avenida fue usada para esta despreciable forma de expresión.
El templo insigne de la capital industrial terminó pareciendo celda de pandilleros, pisoteando así el esfuerzo de cientos de sampedranos que otrora aportaron su contribución de lempira en lempira para poder pintarla.
Triste y preocupado
Ver la iglesia cómo la dejaron fue un impacto para el padre Saturnino Senis, párroco de la catedral y su sacristán Luis Alberto Cardinale.
El religioso lamentó que entre quienes protestaban hubiera algunos capaces de golpear hasta a un anciano que pretendió cerrar el portón frente al templo para que no la siguieran dañando.
“O se los abríamos o lo botaban. Sobre la pintura algunos de los manifestantes nos dijeron que luego nos ayudarían a pintarla, pero habría que ver si cumplen”, dijo.
De todo lo que ha acontecido desde el domingo, lo que más lamenta el cura es la poca afluencia de personas que por miedo dejaron de ir a las misas.
“Estoy muy preocupado porque con lo que los sampedranos aportan en las colectas yo planeaba reunir 150 mil lempiras que urgen para poder trasladar fuera del país a dos niños enfermos. Uno de ellos necesita cuanto antes un trasplante de riñón; el otro bebé que nació sin órganos genitales también ya requiere una cirugía”.
Dijo que confía que todo el desorden que ha impedido la libre circulación en la ciudad termine para poder recolectar el dinero y salvar la vida de los pequeños.
No más despotismo
La suspensión temporal de algunas garantías constitucionales, como la que prohíbe la realización de manifestaciones públicas, impedirá que otra vez los seguidores de Zelaya se apropien de la plaza pública sampedrana.
Por esta razón, la Policía Preventiva y los militares acordonarán el parque central, confirmaron sus jefes.
Filiberto Martínez, jefe de la Policía Metropolitana número 2, expuso que tratarán de mantener el orden por la vía pacífica.
Algunos comerciantes, aún nerviosos, señalaron que tenían miedo de abrir sus negocios porque encima que no han vendido nada arriesgan sus mercaderías.
“Nunca nos imaginamos que esto se saldría de control. Los compradores han dejado de venir al centro y nosotros por ratos abríamos y por otros más prolongados cerrábamos”, expuso un comerciante que pidió omitir su nombre.
Ayer todos se ponían manos a la obra para limpiar los destrozos. La misma Policía Preventiva llenó camiones con los desechos que quedaron dispersos en un radio de cinco manzanas.
Todos rogaban que hoy toda vuelva a la normalidad.
