Honduras
Si las empresas se han preparado para sobrellevar los efectos de la crisis económica internacional, las familias no se quedan atrás y también se han ajustado el cinturón para hacerle frente a esta temporada de vacas flacas.
Los cambios dentro de los hogares incluyen desde economizar energía apagando las luces o instalando focos ahorrativos hasta profundas modificaciones en la forma de adquirir bienes y servicios.
Cambio de actitud
Una de las consecuencias de la crisis es el cambio de actitud de los ciudadanos.
La actitud consumista ya no tiene cabida en la nueva mentalidad del consumidor, quien ahora busca maneras de evitar los gastos innecesarios y ser más racional con los gastos inevitables.
“Buscamos lugares donde hayan ofertas y compramos sólo lo necesario”, comenta Fedua Rodríguez, una ama de casa que para complementar sus ingresos ha montado un pequeño negocio de venta de comida.
Considerando la enorme demanda que tiene, muchas personas procuran obtener un ingreso extra con la venta de alimentos, negocio cuya inversión y riesgo son relativamente bajos y las ganancias pueden llegar a ser considerables.
“Para hacerle frente a la crisis vendemos golosinas en la calle”, dice Rosalina Cálix, una sampedrana que procura mantener bajo control sus gastos hogareños.
Dado que la compra de alimentos constituye el gasto al que más recursos dedican las familias, muchas de ellas han desistido de salir a comer fuera de casa.
“Antes íbamos a comer fuera una vez a la quincena, ahora mejor vamos al supermercado a comprar para cocinar en casa”, dice Martha Muñoz, con una pizca de nostalgia.
Desempleo
Para los economistas esos cambios son naturales y se han efectuado no sólo en Honduras, sino también en el resto del mundo debido también al aumento del desempleo.
La última cifra ofrecida por el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Cohep, señalaba que unas 180 mil personas habían perdido sus trabajos desde junio de 2008 hasta marzo de este año. Además, la ministra de Finanzas, Rebeca Santos, reconoció la semana pasada que unos seis millones de hondureños siguen luchando día a día contra la pobreza.
Opinión experta
Para los economistas, tanto la crisis como el desempleo -impulsado también por las modificaciones salariales anunciadas por el Gobierno- y la pobreza, han hecho que los hondureños empiecen a cambiar sus patrones de consumo.
El economista Emilio Amaya considera que una de las cosas más importantes que pueden hacer las familias para controlar sus gastos es elaborar un presupuesto.
“El presupuesto nos da un punto de partida para saber en qué se va a gastar el dinero, y luego se establecen las prioridades de acuerdo con las necesidades básicas: alimento, vestuario, educación”.
El economista recomienda incluir el ahorro dentro del presupuesto familiar para lo cual, en la medida de lo posible, se debería destinar al menos el 20 por ciento del ingreso mensual. Este ahorro se traduce en un capital que puede utilizarse de dos maneras: para atender emergencias o para inversión que genera un mayor ingreso, como cuando se instala un pequeño negocio.
Pese a esos cambios de consumo, los especialistas también reconocen el esfuerzo de muchas empresas, especialmente en el sector comercial, que han mantenido durante lo que va del año la más larga temporada de descuentos de la que se tenga registro con el objetivo de ayudar a los consumidores, agenciarse ingresos sostenibles y evitar que el desempleo siga repuntando.
