Estados Unidos
Una trágica atmósfera de carnaval reinaba en Wall Street el viernes por la mañana, cuando cientos de turistas y televisoras de todo el mundo acudían para asistir a la histórica debacle de la bolsa de Nueva York.
En las afueras de la sede del New York Stock Exchange (NYSE), se congregaban cientos de turistas, policías, equipos de televisión, escolares, vendedores de comida rápida y hasta un músico callejero que tocaba en su flauta "Amazing Grace", un tradicional himno litúrgico cristiano Agneta Blomgren, una sueca de 43 años, fotografió a su madre Berit afuera del edificio.
Una pantalla electrónica que mostraba la estrepitosa caída de las acciones servía como fondo. "Queríamos venir a verlo", dijo Blomgren. "Los estadounidenses ya no son más los líderes del mundo. Es un momento de cambio y éste es el síntoma.
El poder se está yendo... tal vez a China". Por cierto también había chinos presenciando la nueva atracción turística: la guía china Ying Wand incorporó la Bolsa a su itinerario de 10 grandes atracciones, entre las que figuran Times Square, la zona donde fue destruido el World Trade Center en los atentados de 2001 y el Parque Central.
"Todo el mundo quiere venir a ver qué está pasando", dijo Wang, ondeando una flor de plástico para llamar la atención de su excitado rebaño y sus incesantes cámaras fotográficas.
El viernes las bolsas mundiales se desplomaban nuevamente, intensificando la presión para que los líderes mundiales adopten medidas decisivas a fin de hacer frente al peor infierno financiero desde el crac de 1929.
Los turistas y grupos de escolares que acudían a atestiguar este momento histórico apenas notaban la presencia de los tensos y elegantes personajes de negro que iban y venían tristemente a lo largo de las estrechas calles del distrito financiero.
"Es aterrador. Me siento como anestesiado, como si estuviera en una horrible pesadilla", dijo Rob, un empleado de 39 años de la gigante aseguradora AIG, que el gobierno estadounidense debió rescatar el mes pasado de la bancarrota Rob, que no informó su apellido, dijo que su último trabajo había sido en Lehman Brothers, el banco de inversiones que colapsó el 15 de septiembre desencadenando la crisis financiera global.
Su pensión, por la que trabajó 10 años, ahora no vale nada."Si pudiera vivir de nuevo haría algo menos estresante, como enseñar matemáticas. Sí, me gustan los números... o me gustaban, hasta ahora", dijo, refugiándose tras una enorme taza de café.
Patricia Cronin estaba yendo al banco donde trabajó 27 años. Su empleo, dijo, pronto será suprimido. "Es muy desestabilizador. Hay un enorme y aplastante impacto en la psiquis, en los propietarios de viviendas, en los accionistas, en la habilidad para tomar decisiones", lamentó La onda de la crisis se expandió mucho más allá de los financieros y visitantes curiosos.
En la iglesia Trinity, un edificio emblemático justo a la salida de Wall Street, se reparten panfletos que prometen "ayuda en tiempos difíciles" Los consejeros ofrecen sesiones gratuitas para los "estresados o sobrepasados financiera, psicológica o espiritualmente". Otro taller se titula: "Navegando a través de transiciones laborales" Y como se trata de Nueva York, hasta Philip Belpasso, el barbudo músico callejero que toca la flauta bajo un poste frente a la Bolsa, tiene su informada opinión.
"Esas compañías gastan tanto dinero en sus fiestas y en sus paracaídas de oro (como se llaman los millonarios planes de retiro para ejecutivos) y en esas cosas, que simplemente no saben pelear.
No pueden hacer frente a la crisis, son demasiado gordas", dijo Belpasso. Mientras los turistas le echaban monedas a su caja, Belpasso continuó: "Toco 'Amazing Grace' (canción que reconforta a muchos estadounidenses en tiempos difíciles) porque siento lástima por tanto dolor".
