Los sampedranos no ganamos para sustos. El desastre en la comuna se va entregando por pedacitos, no sabemos si para evitar una estampida generalizada o por incapacidad interna para realizar las labores administrativas. El caso es que ni se sabe cuánto se tiene, se desconocen los montos de los préstamos y ahora el tema es la mora en pago de impuestos y tasas, para lo que se requiere la intervención del Tribunal Superior de Cuentas, TSC.
Vaya usted a saber. Sin necesidad de adivinar adelantamos el tema: lamentos y lágrimas, en los primeros meses, ojalá no sea cantinela de cuatro años, por el estado financiero de la Municipalidad, como si no se supiese. Lo trágico es que en la prioridad del gobierno local, el rescate financiero concentrará iniciativas, recursos, ilusiones y utopías. Lo demás, peor que antes.
La mora de los contribuyentes ha crecido en un cien por ciento. El rezago hace cuatro años era de 500 millones de lempiras y ahora ya se calcula en mil. Decimos se calcula porque los números, las cifras, los porcentajes dan alergia a los funcionarios y empleados municipales y, como señalamos, la exactitud de la ciencia matemática y la contabilidad se queda en el parque, no entra en las oficinas municipales.
"No es justo que tengamos una mora de más de mil millones de lempiras cuando se contrataron procuradores para recuperar esa cantidad", se quejó el regidor Enrique Sabillón quien añadió: "Necesitamos saber qué fue lo que pasó y por qué".
Quienes en verdad y en justicia necesitan saber lo que pasó son los ciudadanos que pagan sus impuestos y que esperan, como reciprocidad, ser beneficiados son eficientes servicios.
La explicación más sencilla y, por tanto, la más transparente se halla en las bocas de los sampedranos: negligencia de los empleados o personas contratadas que desde el primer momento asumen con responsabilidad su estatus de paracaidistas.
A ello habrá que sumar, con la complicidad de los anteriores, la influencia, en un ambiente de corruptores y corruptos, de personas, empresas o negocios cercanas al gobierno de turno.
Y lo más irónico es que no hay ni para el gasto corriente, para el pago de salarios, contratos y compras, por lo que se ha debido recurrir al aval del Gobierno Central para acceder a recursos de la banca comercial y recientemente fue considerada la entrega de fuentes de ingreso para pagar deudas.
Las sorpresas que surgen en la Municipalidad van mostrando el laberinto en que se encuentra y en el que, cada día que transcurre, será más difícil hallar la salida. De momento, se va capeando el temporal, pero llega diciembre con doble planilla y llegará enero con su cuesta, cuya subida se dejará para las nuevas autoridades que ojalá traigan conciencia de ciudad y no de partido, de grupo o de persona.
Por lo que falta, que los regidores achiquen el agua para que el barco no se hunda y los próximos sepan adónde llegan y rectifiquen el rumbo de San Pedro Sula.