Honduras
A las seis de la tarde se cierran los portones. Se acabó la algarabÃa, los juegos, las risas y la compañÃa. El temor vuelve, el sol comienza a ocultarse y la noche traerá incertidumbre otra vez.
El viejo edificio del Centro de Cuidado de Menores del Ihnfa para el Occidente del paÃs más parece una cárcel que un sitio para recuperar y cuidar a los menores en riesgo social.
Las paredes son viejas, sucias y frÃas. Sólo hay un cuarto para albergar a todo el que venga, una cocina, un comedor y un salón de clases.
Durante el dÃa, los pequeños comparten con otros niños que dejan en la guarderÃa infantil, pero al llegar la tarde todo cambia. Los empleados echan candado a la puerta y se van.
Éste es uno de los 10 centros de menores que el Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia tiene en el paÃs.
Una noche en el Ihnfa
Eran las diez de la noche cuando el equipo de LA PRENSA llegó al lugar. Nos reportamos con el vigilante de turno y previa autorización otorgada por las autoridades del centro pudimos entrar.
La noche era frÃa, como casi todo el año en esta remota zona del paÃs. El celador nos condujo hasta el pequeño salón que sirve de dormitorio.
Con la luz que emanaba de nuestro celulares avanzabamos porque el edificio no tiene energÃa eléctrica. Dos o tres tropezones en alguna grada sirvieron para adaptarnos al ambiente. Se debe recorrer todo el sitio para llegar al salón donde los internos descansan.
"Aquà es", nos indicó el hombre y se fue, dejándonos en el umbral de este refugio. Adentro habÃan tres niñas de entre 13 y 16 años que llegaron hace unas semanas por encontrarse en "riesgo social". Las tres habÃan sido abusadas, unas por familiares y otra por conocidos quienes pagaban por sus servicios a sus parientes.
Entramos con cuidado, pero al primer ruido de la puerta se levantaron. Las tres estaban en un rincón del cuarto, acostadas sobre unas viejas colchonetas que evitaban un poco el frÃo del piso. Dos de ellas compartÃan un mismo colchón, la otra estaba sola en el suyo.
Con sábanas raÃdas por el uso y el tiempo cubrÃan sus cuerpos.
"¿Quiénes son?", nos preguntó una de ellas. Le explicamos el motivo de la inusual visita: conocer las condiciones en que albergan estos centros a los menores en riesgo social, como ellas.
"A bueno, si quieren les cuento por qué estoy aquÃ", dijo la más despierta. Las otras dos se quedaron calladas, pero expectantes. Al menos esta noche tendrÃan compañÃa.
Duros relatos
Karla, de 13 años, llegó de la comunidad de San Juan de Opoa en Copán. Ella habÃa llegado hace tres dÃas al centro y se sentÃa feliz de estar allÃ.
"En la casa asà dormÃa yo (en el piso), mi familia no me quiere y a mà no me gusta estar con mi familia. No tengo papá y mi mamá no me quiere, mis hermanos no me quieren, yo soy la última de los hijos, pero no sé, desde que nacà ellos dijeron que no me iban a querer porque era la última y por allà se fueron", dijo.
Afuera llueve y algunas gotas de agua se cuelan por la ventana. No hay celosÃas y el frÃo se intensifica al pasar las horas.
Karla se sienta en su colchoneta e ignora, no sabemos si por costumbre o por emoción de tener con quién platicar, el helado viento que nos eriza la piel.
"Yo prefiero estar aquÃ, por eso me vine, espero estar aquà y salir muchacha para irme a trabajar en lo que me toque, no puedo planchar pero sà puedo echar tortillas y cocinar frijoles, maÃz. Aquà me tratan bien, sólo aseamos y nos venimos a acostar y estamos aquÃ. Cuando es la hora de repartir la comida de los niños ayudamos y a las seis y media nos acuestan, platicamos un gran rato y luego nos dormimos. Estamos tranquilas", asegura.
Y es que para esta pequeña que sufrió abusos sexuales de su padrastro y el rechazo de su madre, este piso frÃo y la soledad de las noches es un paraÃso comparado con el infierno que vivÃa en casa. Es el mejor lugar que ha conocido en toda su vida.
La plática se interrumpe cuando Claudia interviene en la plática: "Aquà me pongo triste porque uno se siente solo y no tengo a nadie que me quiera". Ella tiene 16 años y desde los siete fue abusada por su padrastro. Hace cuatro meses se lo contó a su madre y ella, al enterarse, la rechazó.
"Soy de Santa Rosa de Copán, tuve problemas con mi padrastro y mi madre no me creyó, prefirió creerle a su marido, no me comprendió. Yo lo denuncié y mi mamá dijo que yo estaba loca, siempre estuvo de parte de él".
La historia se repite. "Mis hermanas no me apoyaron, sólo se pusieron tristes. Ella llegó al centro después de ser amenazada por la familia de su padrastro.
"Cuando metà preso al señor, los hijos de él andaban diciendo que me iban a hacer daño a mi y por eso la fiscal me mandó para acá. él abuso de mà y mi mamá no me creyó. Ella sigue con él, a mi me duele porque no tengo el apoyo de mi mamá, yo la quiero y me duele lo que hace. La fiscal me dijo que sólo unos dÃas me van a tener aquà porque quiero irme a vivir con mi abuela. Le doy gracias a Dios porque existe este lugar, porque aunque sea asà le sirve a la gente que no tiene donde vivir, nos dan comida", sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y calló.
La otra pequeña, de unos 14 años no habló. Sólo escuchó atentamente lo que sus compañeras nos relataban. Por la madrugada el frÃo era casi insoportable. Los balcones dejan pasar el sereno a la estancia. Las niñas se cubrieron con sus sábanas raÃdas y cerca del amanecer se durmieron.
Sin alternativas
El centro del Ihnfa en Gracias, Lempira, es el único lugar que tienen las autoridades de la zona para enviar a menores que han sido declarados en riesgo social, pero la situación es precaria.
Muchos dicen que no se sabe si para el menor es mejor estar afuera, expuesto a peligros, o dejarlos internos aquÃ.
Este lugar es un refugio y nada más. Cuatro paredes, pero no hay ayuda psicológica ni orientación para estas pequeñas que han sufrido vejámenes inimaginables. Llegan y se quedan solas o con otras desdichadas que han sufrido lo mismo o cosas peores.
Se cuentan sus historias y comparten colchoneta. De dÃa ayudan en las labores de la guarderÃa y de noche conversan durante largas horas sobre sus sueños y esperanzas, pero también sobre los horrores que en sus cortas vidas han experimentado.
En nuestra visita comprobamos las terribles condiciones en que se encuentran.
En el salón que sirve de dormitorio han acondicionado un baño para uso de los menores. Como en el resto del edificio, aquà no hay electricidad ni privacidad.
Cuando ingresan varones en riesgo son alojados en el mismo centro, no hay zonas adecuadas para separar a las niñas de ellos.
En los dÃas que LA PRENSA visitó el sitio sólo estaban albergadas las tres menores, pero a veces tienen cinco o seis en el mismo dormitorio.
Necesario
"Debe ser una prioridad para el Estado mejorar las condiciones de los centros de atención a menores. En Copán son muchos los casos que a diario se reportan de menores que deben ser rescatados y declararlos en riesgo. Muchas veces nos vemos limitados por queno contamos con un lugar para mantenerlos y la única opción que nos queda es enviarlos a centros de San Pedro Sula o Tegucigalpa, aquà se deben tomar acciones para garantizar la protección de los niños", dijo la fiscal de la Niñez en Copán, Ivonne MartÃnez.
Plan en Honduras desde julio de este año ha firmado un convenio con el Ministerio Público para contratar fiscales especializados en niñez en los departamentos de Copán, Lempira, Santa Bárbara y Choluteca. "Se debe evitar la impunidad que se registra en los casos que tienen que ver con menores, el Ihnfa debe mejorar sus modelos de protección y responder a las necesidades de miles de niños que en el paÃs son vÃctimas de abusos, ellos no son números", afirmó la directora de Plan en Honduras, Jennifer Vaught.
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