Honduras
La crisis financiera y política no ha frenado el espíritu emprendedor de los sampedranos, sino más bien los ha motivado a salir a las calles para obtener ingresos y sostener a sus familias.
Amas de casa y hombres se han convertido en vendedores ambulantes para llevar a sus hogares el dinero suficiente que les permita sobrevivir.
Los puestos de comida han proliferado en las calles de la ciudad. Bulevares y avenidas sirven de plataformas para ofrecer a peatones y conductores ricos bocadillos.
Las baleadas y la yuca con chicharrón son los platos típicos más comunes.
Mary Cruz y Lourdes Vega son hermanas, al verse sin empleo y de brazos cruzados en sus casas decidieron unirse e instalar una carpa en el bulevar Juan Pablo Segundo.
“Tenemos tres semanas de tener el puesto. Nos preocupaba estar en la casa haciendo nada. La situación está fregada, sino trabajamos nos morimos de hambre. Nos preocupa la situación política porque ni Mel y ni Micheletti piensan en uno”, expresó Mary Cruz.
“Las ventas nos ayudan para ir pasándola. Nos instalamos a las seis de la mañana, pero nos levantamos a las cuatro.
Vendemos baleadas y yuca con chicharrón y estamos hasta las tres de la tarde”, agregó Lourdes.
El hijo de Mary Cruz les ayuda en el negocio y por la noche estudia.
“Yo no me quedo acá, si veo que las ventas no se mueven me voy con mi hijo en la moto a vender los platos. Los cambistas del parque son mis clientes”, contó Mary Cruz. Igual que ellas varias amas de casas han instalado puestos en diferentes puntos de la ciudad.
Perla Castellanos, es madre soltera de dos niños y su empleo es administrar un puesto de venta de yuca con chicharrón.
“Tenemos problemas para trabajar, los de las unidades mercados y abastos de la Municipalidad nos andan quitando, a veces hasta la comida nos llevan los bárbaros”, dijo. Perla ha ubicado el puesto en la 27 calle que conduce al Estadio Olímpico aunque admitió que allí no son buenas las ventas.
Otros negocios
Don Miguel Urquía trabaja desde hace 24 años en el bulevar Juan Pablo Segundo ofreciendo el servicio de polarizar vidrios de carros y oficinas.
“Con este trabajo he mantenido a mi familia. Mis hijos también trabajan conmigo. Vemos que la situación se está complicando mucho, hay días que ni un tan solo carro polarizamos. La crisis política está afectando a los más pobres, esperamos que todo se solucione”, dijo.
En los diferentes semáforos de la ciudad es común ver a los vendedores ofreciendo desde comidas hasta artículos para vehículos.
Adultos, jóvenes y hasta niños tratan de conquistar a los conductores para hacer sus ganancias del día.
“Esta situación está macaneada, hay que ingeniárselas. Yo con la venta de naranjas me hago por lo menos para los frijoles.
Está difícil encontrar empleo y mas uno que ni al colegio fue”, dice don Mario Gómez. Pese a la prohibición de su presencia, muchos vendedores llegan diariamente al parque a vender agua, chicles y frutas.
Regulación
La queja común de los vendedores, especialmente de los estacionarios, es que personal de Mercados y Abastos de la Municipalidad los corre de las vías donde se ponen a vender. El ex superintendente de Seguridad Municipal, José Antonio Rivera, quien fue el que coordinó el traslado de los vendedores de la tercera avenida, explicó que hay una contradicción respecto a mantener el orden en la ciudad y facilitarle a las personas que puedan tener un empleo propio.
“La Municipalidad otorga permisos temporales, lo que les recomiendo es que vayan a la dependencia de Mercados y Abastos y soliciten el permiso. Con la crisis son muchas personas las que están saliendo a las calles a vender, es necesario apoyarles y que haya una regulación”, señaló.
