Un individuo se sentó en la acera situada en la cuarta calle, entre las 6 y 7 avenidas del barrio El Benque. Cinco minutos después sacó de su pantalón unas bolsitas y empezó a inhalar su contenido una y otra vez. Según averiguaciones de los agentes de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, DLCN, dicho individuo es un taxista conocido en el bajo mundo por su relación con las drogas.
Media hora después empezaron a llegar a la cuadra varios taxistas y estacionaron los vehículos en fila frente al club nocturno para hacer creer que estaban a la espera de carreras.
Ver infografías: Narcomenudeo en San Pedro Sula
La cocaína en tu cuerpo
El narcotaxista se levantó y se colocó en un lugar estratégico de la zona para esperar a sus clientes. Pocos minutos después los consumidores empezaron a llegar.
Vehículos con vidrios oscuros transitaban a baja velocidad por la cuadra, los conductores bajaban los vidrios, saludaban y con un apretón de manos daban el dinero y recibían la droga en bolsitas de plástico.
A esa hora las prostitutas que se apostan en ese sector, quienes también son utilizadas como mulas por la red del narcomenudeo, ya habían aparecido en escena.
Desfile de patrullas
A las 10.30 de la noche ya había buenas ventas debido al gran flujo de consumidores.
Minutos más tarde una patrulla policial entró en el área lentamente y luego de parar la marcha del automotor, los policías, sin bajarse del vehículo, saludaron con gran camaradería a los vendedores de droga.
Después de conversar amenamente unos minutos, los agentes se marcharon.
El narcotraficante y otros conductores de taxis siguieron vendiendo el alcaloide a los consumidores que llegaban como hormigas.
Poco tiempo después de haber llegado el primer carro policial, otra patrulla arribó a la cuadra.
Luego de que los policías estuvieron en el lugar se retiraron minutos después de la zona. Después la misma patrulla llegó otra vez al sitio, pero esta vez los policías sí tuvieron contacto con uno de los vendedores de droga.
El traficante de cocaína y los agentes hablaron con aparente confianza durante tres minutos y después "los representantes de la ley y el orden" se marcharon.
A las 11.10 de la noche la primera patrulla se hizo presente de nuevo. Esta vez uno de los policías llamó al narcotaxista y éste tras acercarse a la puerta del vehículo sacó algo de su pantalón y en un intercambio rápido de manos se la dio al conductor de la patrulla.
Luego de intercambiar varias palabras, los uniformados se alejaron de la cuadra lentamente.
Una tercera patrulla tuvo contacto con otro de los narcotraficantes esa noche.
Los agentes también charlaron con el "hombre del bajo mundo" como viejos amigos.
Con sonrisas y gestos que denotaban una gran confianza, los policías se despidieron de los distribuidores de droga.
Una cuarta patrulla llegó al lugar esa noche. Los preventivos pasaron por el lugar bastante despacio y sin apuros, saludaron a los que departían en esa zona y se fueron a seguir cuidando otros sectores de la ciudad. En ningún momento se realizó un registro.
Segundo día
La siguiente noche -era jueves- que el equipo periodístico de LA PRENSA asistió a ese mismo lugar hubo más movimiento de consumidores.
El club nocturno estaba prácticamente lleno y muchas personas llegaban sólo a comprar la droga en motocicletas, carros particulares y taxis.
Los taxistas también se dedican a trasladar a consumidores y a llevar droga a domicilio, igual que las prostitutas.
Uno de los traficantes de droga guardó las bolsas de cocaína, de una onza de peso aproximadamente en las puertas de un laboratorio clínico y en unos agujeros que hay en unos postes del tendido eléctrico.
Los miembros de la organización criminal manipulan las bolsitas con droga sin ningún temor en la calle.
Entre los compradores llegaron mujeres y hombres que tenían entre 30 y 50 años de edad. Esa noche arribó a la cuadra otra patrulla.
Estos patrulleros, al igual que los anteriores, pasaron por el lugar a vuelta de rueda, y todos mostraron amistad con los vendedores de droga. Una escena triste, pero real.
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