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El neonacionalismo petrolero en Iberoamérica está hipotecando el futuro económico de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
La huida de los capitales extranjeros y la caída de la inversión como consecuencia de la intervención pública, pintan un futuro preocupante para los flujos de capitales.
Los casos paradigmáticos de Hugo Chávez y Evo Morales no arrojan ningún atisbo de duda: Venezuela ha perdido el 82 por ciento de la inversión extranjera directa, IED, desde 2001, mientras que Bolivia se ha dejado un 80 por ciento. Los planes del venezolano Hugo Chávez de unificar toda la región por medio del socialismo y de la explotación de los recursos petrolíferos están fracasando.
El informe que anualmente elabora la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, organismo dependiente de Naciones Unidas, demuestra que la situación económica de los estados en la órbita del presidente de Venezuela, entre los que destaca Bolivia, es pésima.
Chávez ha logrado que la IED haya caído 82 por ciento desde que aprobó en 2001 un decreto que le daba poderes especiales para intervenir el mercado agrícola, el petrolero y el pesquero. Chávez ha nacionalizado la Electricidad de Caracas, la siderúrgica Ternium Sidor, la cementera Cemex, el Banco Bbva y las petroleras de Exxon Mobil y ConocoPhil. La estadounidense Chevron, la británica BP, la noruega Statoil y la francesa Total aceptaron los términos propuestos por el Ejecutivo y permanecieron como socios minoritarios en los proyectos.
Con ello, Venezuela ha logrado un récord de dudosa honra al contabilizar una inversión extranjera negativa de 543 millones de euros al cierre de 2006, algo inaudito para los países de la región que disponen de recursos para atraer capitales foráneos.
De hecho, en el conjunto de Latinoamérica, las entradas de dinero extranjero para aumentar la capacidad productiva de la región aumentaron 11 por ciento el pasado año.
En Bolivia, la tendencia también es preocupante. La IED ha descendido un 80 por ciento desde 2001 y, desde la llegada al poder de Evo Morales en 2007, las empresas y gobiernos europeos, asiáticos y norteamericanos no se plantean inyectar fondos en una economía neonacionalizadora, con inseguridad jurídica y un excesivo nivel de populismo que amenaza el crecimiento económico.
El panorama se presenta a pesar de que Venezuela es el quinto exportador de crudo del mundo y que Bolivia ocupa el tercer puesto en producción de gas, según la BBC.
Sin especialistas hipotecan el futuro energético
La nacionalización tiene efectos adversos importantes. La ausencia de técnicos especializados en los sectores públicos de estos países es un gran obstáculo para sus mercados energéticos nacionales y por extensión de los internacionales.
Fuentes de una de las mayores empresas españolas que construyen oleoductos en la región así lo aseguran, al constatar que "estos gobiernos no consideran importante el concepto de la inversión para lograr un aumento de la capacidad productiva, y simplemente ven cómo los precios del crudo suben y ellos aumentan los ingresos. No se dan cuenta de que es pan para hoy y hambre para mañana".
El lastre de Venezuela
El periodista argentino Jorge Oviedo explica en un artículo referente a su país que "los modos de dar certidumbre no parecen suficientes para alentar a que se hagan las inversiones de largo plazo que el país necesita. En un país que crece y tiene seguridad jurídica, los empresarios claman por privatizaciones en todas las áreas para aprovechar los negocios. Aquí el Estado ha debido volver a hacer las rutas, distribuir el agua y construir gasoductos, porque ni creciendo a tasas chinas aparecen privados interesados".
Lo que escribe para Argentina vale para Bolivia, Venezuela, Ecuador y otras repúblicas cuyos dirigentes han tomado el camino del populismo y de teorías económicas fracasadas hace siglos.
Pedro Fernández Barbadillo, periodista, escritor y colaborador del Grupo de Estudios Estratégicos, Gees, apunta a que "si la inversión extranjera es imprescindible para los países en vías de desarrollo, más lo es en una región donde las fugas de capitales ascienden a miles de millones de dólares. Sólo gobernantes demagogos e ignorantes como Chávez y Evo Morales creen que van a obtener todos los fondos mediante la nacionalización de las empresas de hidrocarburos y la venta de gas natural y de petróleo".
La conclusión es que los factores que contribuyen a captar la inversión extranjera y a permitir el crecimiento de la economía nacional son la confianza, la seguridad jurídica, la independencia institucional y la estabilidad política. Por ello, México, Chile, Colombia, Costa Rica y Panamá captan inversiones extranjeras de fuera de Iberoamérica y de la misma región y crecen, mientras que los gobernantes que practican el intervencionismo y las nacionalizaciones hunden a sus repúblicas en la pobreza y la dependencia.
La inversión va en disminución
La proporción de la IED mundial que captan América Latina y el Caribe representa algo más del 8% de la cifra global, el segundo valor más bajo en 15 años: en 2006 ascendió a 72.439 millones de dólares, sólo el 1.5% más que en 2005, cuando la IED fue de 71.361 millones.
Se trata de una tendencia muy preocupante. Como explicó en la presentación del informe de José Luis Machinea, secretario ejecutivo de Cepal, en los años 70 del siglo 20, la zona captaba el 16% de la IED que se realizaba en el mundo; a finales de los 90 ese porcentaje se situó en 13% y ahora el 8%. Todo ello ocurre a pesar del considerable aumento del PIB regional.
Según los cálculos de Cepal, Iberoamérica registró en su conjunto un crecimiento económico de 5.3%, con lo que por tercer ejercicio consecutivo habría una tasa superior al 4%.
Tres países acumulan casi dos tercios de la IED: México -26.14%-, Brasil -25.93%- y Chile -11.21%-. Dos de ellos, México y Chile, gozan de una relación económica privilegiada con EUA mediante tratados de libre comercio; Brasil, a pesar del alineamiento del presidente Lula da Silva con el venezolano Hugo Chávez en diversos asuntos, ha llegado a acuerdos con George Bush sobre el desarrollo de los biocombustibles.
