Honduras
Miguel Ángel Hernández, 25, fue ultimado el viernes por la noche dentro de un rapidito de la ruta uno que manejaba, luego de bajar a los pasajeros.
El hecho ocurrió a las nueve de la noche en la 27 calle de la colonia La Unión. La víctima era originaria del municipio de Protección, Santa Bárbara.
Según las primeras pesquisas de la Policía, un individuo que se conducía en un turismo blanco se estacionó a su lado y cuando el busito quedó vacío, se bajó y se acercó al motorista para sin mediar palabra dispararle cinco balazos.
La unidad que conducía Hernández pertenece a la empresa Emtraincol, que cubre la ruta uno de la ciudad.
Las autoridades descartan el robo como móvil del homicidio, ya que la víctima portaba todas sus pertenencias.
Varios motoristas colegas de Miguel Ángel se hicieron presentes a la escena del crimen, todos comentaron que ya no hay trabajo ni actividad que no tenga riesgo alguno.
Parientes de Hernández opinaron que él no tenía enemigos y que trabajaba duro para cumplir con un trabajo que es muy exigente e incomprendido “porque el motorista tiene que pagar la cuota de alquiler diario al dueño de la unidad, luego el sueldo del ayudante y además el combustible, y hasta extorsión que es una ley en esas rutas”.
El cuerpo fue reconocido horas después por las autoridades.
Otro hecho sangriento
Óscar Vásquez Galeas, 39, fue asesinado ayer en la madrugada en la aldea de Bijao sobre la autopista a Puerto Cortés.
El cadáver tenía un balazo en el ojo y quedó arrodillado en el pavimento.
La Policía dice que llama la atención el hecho de que no lo amarraron para matarlo, puesto que era un hombre corpulento de unas 280 libras, según un forense.
Un primer análisis de la escena del crimen indica que la víctima no opuso resistencia a sus victimarios, el disparo en la cara indica que no tuvo oportunidad de correr.
El occiso tenía todas sus pertenencias y documentos incluyendo dinero en su billetera; vestía camiseta gris deportiva, pantalones color verde tipo vaqueros y zapatos deportivos café.
Su cuerpo estaba a 500 metros de la planta cementera de Bijao y fue trasladado por las autoridades forenses a la morgue de San Pedro Sula.
