Honduras
El director departamental del Instituto Nacional Agrario, INA, Francisco Edmundo Martínez Andrade, 52, murió en un ataque perpetrado por desconocidos la madrugada de ayer en su residencia en esta localidad.
Según relato de los parientes, la muerte violenta del funcionario se registró a eso de las doce de la noche del sábado anterior.
Su cuerpo presentaba al menos 15 perforaciones de bala.
El atentado criminal se produjo mientras Martínez Andrade descansaba en su casa junto a sus hijos y esposa María Madrid, vicealcaldesa de El Real, en el gobierno que preside el alcalde Carlos Escobar, por el Partido Liberal.
¿Robo?
Originalmente, se dijo, los hechores llegaron a la residencia y simularon que querían robarse un vehículo de Martínez Andrade, un carro de paila Toyota 22R rojo, que estaba estacionado en el garaje de la casa.
Además provocaron ruidos en el techo de la casa, lanzando piedras y otros objetos.
Se sospecha que la verdadera intención de los criminales no era robarse el automóvil, sino que el funcionario saliera a un lugar visible para atacarlo a balazos.
Cuando Martínez Andrade abrió la puerta para cerciorarse de lo que pasaba fuera, los desconocidos lo atacaron sin piedad con una lluvia de balas que le causó la muerte al instante.
Sus parientes manifestaron que se confió porque no mantenía enemistades personales.
Reconocen el cadáver
Al lugar de los hechos acudió personal del Ministerio Público, la Policía Preventiva y la Dirección Nacional de Investigación Criminal, Dnic, a eso de la una de la madrugada de ayer.
El cuerpo sin vida de Martínez Andrade quedó tirado boca abajo en la puerta de acceso a la sala de su residencia.
El resto de familiares que estaban dentro resultaron ilesos a pesar de la nutrida balacera que desataron los hechores.
En una escueta información oficial sobre el hecho sangriento, las autoridades dijeron que el origen del atentado y la identidad de los asesinos se desconocen y que están en proceso de investigación.
El regidor José Figueroa fue uno de los ciudadanos que se sumaron al clamor popular de denunciar la violencia y el sufrimiento a que es sometida la indefensa población por una minoría de desalmados delincuentes.