Cuando mis amigas y yo íbamos en la secundaria, siempre imaginábamos el príncipe azul que nos llevaría al altar y con el cual, como dicen los cuentos, viviríamos por siempre felices.
En ese entonces teníamos 15 años y nos preocupaba más el hecho de pasar matemáticas y comprar la minifalda ideal para una fiesta que encontrar al amor de nuestra vida.
Un abrir y cerrar de ojos fue suficiente para que todo comenzara a cambiar. Las calificaciones y la moda quedaron en segundo término, mientras que el amor quedó en primero.
Mi amiga Ana Paula fue la primera en casarse. En ese momento pensé que era demasiado joven para dar ese paso tan importante. En pleno siglo 21, ¿ quién se casa a los 20 años?
El problema empezó siete años después, pues cuando cumplimos 28 años, de manera inesperada se desató una ola de matrimonios.
Mónica, Elsa y Analiz fueron las primeras en comunicarme la noticia y enseñarme orgullosas el anillo de compromiso, después, las compañeras del trabajo, y más tarde, hasta mis vecinas.
El colmo fue cuando mi mejor amiga, Lourdes, llegó de Nueva York y también me dijo que se iba a casar. Después de felicitarla le dije, “Oye, siempre dijimos que íbamos a compartir el altar las dos juntas y te me adelantaste”.
Incluso facebook se convirtió en el mejor aliado para enterarme de otras bodas de gente conocida, a las que por supuesto, no estaba invitada...
¿Y yo, para cuándo?
Ante esta situación, comencé a pensar en mi propia relación... Llevo cuatro años y medio con mi novio, y cada vez que mencionamos la palabra 'matrimonio’, alguno de los dos esquiva el tema...
“¿Y ustedes para cuando, ya llevan un rato, no?” Nos preguntaban nuestros amigos. Un leve enrojecimiento y una sonrisa nerviosa era la única respuesta que dábamos.
Pero era inevitable pensarlo. ¿Por qué todas mis amigas se están casando y yo no?, ¿me quedaré soltera para el resto de mi vida?, ¿seré la última en casarme?, ¿viviré en unión libre?, ¿terminaré con mi pareja?
Lo que menos quería era contagiar a mi novio de este tipo de preocupaciones, pensé que si se las decía, él podría sentirse presionado y pedirme matrimonio únicamente por compromiso...
Comprendí que como reza la frase 'matrimonio y mortaja del cielo bajan’, todas las parejas tienen su propio ritmo y momento para cerrar ciclos y comenzar otros nuevos, así que me resigné, todo sucedería cuando tenga que suceder.
A dos días de declararme como la solterona del grupo, pasó lo más inesperado y sorpresivo que me ha pasado en la vida... mi novio me dio el anillo y, obviamente, mi respuesta fue ¡SÍ!
1. No Vaciles
Suele pasar que al encontrarnos con esa persona que tanto nos gusta, aflora, sin quererlo, ese miedo al rechazo que hace que vacilemos, pasemos de ella y esa estúpida frase de 'seré tonta, por qué no le he dicho nada’, se repite una y otra vez, mientras esperas una segunda oportunidad.Hay que espabilar y en y jugarlo todo a una carta. En el amor, no esperes a las segundas oportunidades, hay que ir a por todas en el primer movimiento.
2. Miradita por aquí, miradita por allá
El arte de la seducción implica un buen dominio de la mirada. No se trata de que te quedes embobada mirándolo, deseándolo, sino que hay que saber jugar. Una miradita por aquí, otra por allí... Recuerda que el primer contacto visual es decisivo.
3. Confía en ti misma
La autoestima, es una de las herramientas fundamentales y decisivas. Si no confías en ti, difícilmente conseguirás que esa persona te mire. Tienen que estar segura de ti misma, de lo que vales e ir a por todas.
4. No te olvides de sonreír
Cuando se trata de seducir, la sonrisa nunca debe borrarse de tu rostro. No hace falta que luzcas durante toda la noche esa falsa sonrisa, pero si esboces esa ligera sonrisilla, un tanto pícara, pero muy sensual.
5. Sácate partido
Hay que explotar tus cualidades naturales. Dios te ha dado un cuerpo y debes aprovecharlo. No se trata de que vayas enseñando más de lo debido, pero si potenciar tus virtudes. Que tienes un bonito pecho, insinúalo, que tienes una mirada que hipnotiza, destácala... Pero recuerda: más que enseñar hay que insinuar...deja que su imaginación haga el resto.
6. Baila
Ni se te ocurra quedarte toda la noche de pie en una esquina, con una copa en la mano y pegada al suelo. El baile, es en si mismo, una técnica de seducción. Movimientos sensuales de cadera, un paso por aquí... y caerá rendido. Eso sí, los excesos no son buenos, así que tampoco te conviertas en una gogó discotequera.
Qué detestan los hombres de las mujeres
La escritora Alejandra Vallejo-Nágera, autora del libro “El amor no es ciego”, se encargó de estudiar muy bien las preferencias masculina. Claro que cuando indagó sobre todo aquello que a ellos les hace perder la cabeza, también descubrió lo que los saca de quicio. Si eres mujer toma nota y seguramente sumarás unos puntos a tu favor.
Las debilidades de los hombres inteligentes
Según Antonio Bolinches, el autor de El arte de enamorar, ningún hombre inteligente se resiste a:
