Los especialistas saben que durante el primer año de vida, los bebés pasan por su consulta muy a menudo, no sólo para las revisiones rutinarias en las que los vacunan y comprueban si los niños van creciendo adecuadamente, sino porque se ponen malitos con bastante frecuencia. Por eso hacen cuanto está a su alcance para que su consultorio esté siempre limpio (el suelo del local se asea a diario) y el ambiente sea higiénico (ventilan las salas cada poco tiempo, controlan el uso del aire acondicionado y la calefacción...). De este modo previenen contagios entre sus pequeños pacientes.
Espera sana y amena
Aun así, hay más precauciones que tú puedes tomar cada vez que lleves a tu bebé al médico, para que los otros niños no le peguen sus enfermedades y él tampoco les contagie las suyas:
Pide cita por teléfono y procura llegar a la consulta con pocos minutos de margen, para minimizar el riesgo de transmisión. Si sospechas que tu pequeño tiene algo contagioso, adviérteselo a la enfermera. Lo más probable es que los cite de últimos. Una vez en la consulta, evita que tu hijo sude y dale agua a menudo, para que no se le resequen la nariz y la garganta (esto disminuye su resistencia a los microorganismos). Salvo que te lo pida, mejor no le des el chupete. Y si se le cae al suelo, lávalo muy bien con agua en el lavabo.
Mientras esperas, mántenle sentado en su sillita o encima de ti, entretenido con dos o tres juguetes que le hayas traído de casa (acuérdate de llevarle su mascota; así, mientras el médico lo examine podrá abrazarse a ella y esto le ayudará a sentirse más confiado). En cualquier caso, para mantenerle a salvo de microbios, no le dejes gatear ni tocar los juguetes que haya en la consulta.
Lávale las manos con las toallitas húmedas que llevas en el bolso tantas veces como creas oportuno.
No le dejes compartir comida ni juguetes con los niños que están en la sala de espera.
Sin bata ni guantes
No te extrañes de que el médico, en la consulta, no vaya con mascarilla ni lleve guantes. Es comprensible: los niños se asustarían al verle la cara tapada y al sentir el tacto de los guantes sobre su piel, y así le resultaría más difícil examinarlos. Algunos especialistas incluso se quitan la bata blanca para que los pequeños, al verlos vestidos «de persona», se sientan más seguros mientras los atienden. Pero no seas aprensiva: antes de atender a cada niño el pediatra se lava las manos escrupulosamente y cambia la sábana de la camilla. Y en cuanto al material, ya no es necesario que lo desinfecte con cada paciente, porque hoy en día, salvo en casos muy concretos, los utensilios son desechables, de uso único. Así no existe riesgo de contagio por el paciente anterior.
Por último, una vez que volváis a casa, da a tu bebé un baño con agua tibia. Le relajará y le ayudará a mantenerse lejos de posibles infecciones.
