Elegir un método anticonceptivo no sólo implica tener información y una amplia gama para elegir. En la realidad hay muchos factores emocionales y culturales que también entran en juego.
De manera ideal, para poder hacer una buena elección sería necesario contar primero con información completa sobre todos los métodos existentes. Es decir, saber cuál es su nivel de efectividad, su mecanismo de acción (si impiden la ovulación, bloquean el paso de los espermatozoides, se basan en los ciclos naturales, etcétera), su duración y su modo de uso (si sólo se utilizan en el momento en que se necesitan, como el condón, o si su efecto es prolongado, como en el caso de los hormonales). Además de tomar en cuenta las contraindicaciones y posibles efectos colaterales, pues un mismo método, aunque sea muy práctico y efectivo, puede no ser la mejor opción para algunas personas o parejas.
Así también, habría que hacer un análisis de las necesidades personales. Justamente, tomar en cuenta las características del propio organismo -pues a unas mujeres les puede funcionar bien el dispositivo intrauterino (DIU) pero otras pueden no tolerarlo, o hay para quienes las hormonas no son recomendables- y analizar los requerimientos de la pareja y la frecuencia de las relaciones sexuales. Esto, porque digamos que no sería muy práctico ponerse un implante subdérmico que dura varios años si sólo se tienen relaciones muy de vez en cuando o se está iniciando una relación que todavía no se sabe si será duradera.
Lo básico entonces sería saber qué necesidades se tienen, qué opciones hay y cuál es la que mejor se adapta a lo que se busca.
Sin embargo, varios estudios muestran que a la hora de elegir son otros los factores que más pesan. En países como México, por ejemplo, se ha visto que entre los jóvenes muchas veces la decisión de usar o no usar un condón se basa todavía en la apariencia de la persona.
Según un estudio realizado por la asociación civil Ipas México en Iztapalapa y la ciudad de Tlaxcala, cuando se trata de prevenir una infección de transmisión sexual, los jóvenes argumentan que sólo lo consideran necesario si no conocen bien a la persona, llevan poco tiempo en la relación o saben que ha tenido varias parejas anteriores; de lo contrario, confían en que no hay mayores riesgos. Y si lo que buscan es prevenir embarazos no deseados, muchos optan por el condón, pero también de manera importante por el coito interrumpido y el ritmo, métodos que aunque se sabe que son muy poco seguros, tienen la ventaja de que no hay que comprarlos y nadie sabrá que los están usando. Digamos que en muchos de estos casos la practicidad y el miedo a ser descubiertos priman sobre la seguridad que el método puede ofrecer.
Otros estudios
Hace algún tiempo las autoridades filipinas buscaron conocer más a fondo la relación que existía entre la percepción que tenían las personas sobre los distintos métodos anticonceptivos y la preferencia o rechazo hacia ellos. Lo que encontraron es que efectivamente, la imagen que se tenía de los usuarios de cada método influía en la elección.
Por ejemplo, se observó que los usuarios de condones eran percibidos como hombres inteligentes y educados, pero al mismo tiempo infieles, en busca de romances y poco satisfechos sexualmente, factores que hacían que muchos prefirieran no elegirlo para no ser identificados con estas características.
A las usuarias del DIU las veían como mujeres con poco apetito sexual e imaginaban que sus encuentros sexuales serían dolorosos, un punto que alejaba a las usuarias potenciales. Las consumidoras de pastillas anticonceptivas fueron las mejor percibidas. Se les veía como mujeres profesionistas, a la moda, buenas madres por planear sus embarazos y con mayores posibilidades de desarrollo, una imagen a la que más mujeres querían acercarse y que podía motivar el uso de este método.
Entre las habitantes de Escocia, también se ha visto que pesan más otros factores que la información y la efectividad a la hora de elegir un anticonceptivo. Un nuevo estudio encontró que, independientemente de que fuera seguro y con efecto prolongado, las escocesas rechazaban el uso del DIU porque no les atraía la idea de que un médico tuviera que insertárselos. Y en el caso de las pastillas anticonceptivas, su elección estaba más motivada por ser el método que usaban sus amigas que por un análisis de las diferentes opciones. Así, sin preguntar sobre otras alternativas, estas mujeres llegan a los servicios de salud pidiéndolas directamente. Y tú, ¿qué tomas en cuenta para elegir un anticonceptivo?
Considera
No hay un método anticonceptivo ideal para todas las parejas. Para la mejor elección toma en cuenta: