Tu hijo te sigue a todas partes, llora si sales de compras sin él, se enfada si le dejas con los abuelos... ¿Es normal que dependa tanto de ti?
Apartir de los 8 ó 9 meses, cuando el pequeño ya gatea y manifiesta cierta independencia, comienza a experimentar la “ansiedad por la separación”, que suele alcanzar su punto álgido hacia los 2 años. Se trata de una fase normal del desarrollo que va disminuyendo gradualmente con la madurez del niño y que suele desaparecer entre los 3 y los 4 años. En esta etapa él siente que tu presencia en su vida es imprescindible. Por eso te sigue a todas partes, se cuelga de tus piernas... Esta persecución resulta agotadora para los dos.
Cómo tratarlo
Para ayudar a tu hijo a sentirse mejor debes mostrarte:
Paciente. No te enfades por el hecho de que esté todo el día encima de ti. Esto haría que se sintiese más inseguro y aumentaría su dependencia. Si necesitas que se aparte, díselo con cariño.
Natural. Cuando te vayas, no alargues la despedida. Dale un beso, dile que volverás después de la comida (como aún no entiende de horas, así le orientas) y márchate. Jamás te vayas sin decirle adiós, porque cuando descubra que te has ido se sentirá abandonado.
Sincera. No le digas que vas a volver enseguida si sabes que vas a tardar. Si lo haces se volverá desconfiado.
Práctica. Si no puedes cocinar, usar el ordenador, limpiar el coche, etc. porque le tienes agarrado a tu pierna, explícaselo. Y si sigue igual, distráele con algo sencillo, como hacer un dibujo.
Fomenta su autonomía
A los 2 años tu hijo ya es capaz de entender muchas cosas. Por eso, con un poco de esfuerzo conseguirás que vaya confiando en sí mismo lo bastante como para separarse un poco de ti.
Para que sea más sociable, procura que se relacione con personas ajenas a vuestra familia. Puedes animarle a hablar con los dependientes de las tiendas, presentarle a tus amigos...
Para que se sienta útil, dale responsabilidades en casa acordes con su edad (lee nuestro reportaje de psicología).
Para que gane seguridad en sí mismo, felicítale por cada minuto que pase sin ti (mientras tú le haces la cena y él hojea un cuento en el salón, por ejemplo). Para que sea confiado, no le sometas a cambios bruscos. Por ejemplo, para que se vaya habituando a perderte de vista, deja que le bañe su abuela y tú vuelve justo para secarle. Poco a poco podrás ir prolongando tus ausencias.
Para que sea valiente, cuando tenga que quedarse solo dale una foto tuya o un peluche al que “adore”. Para soportar la soledad necesita algo que le dé idea de permanencia. Lógicamente, te preferirá a ti que a tu foto o a su peluche, pero si tú no estás se irá conformando.
