Durante las mágicas y felices jornadas navideñas, se suceden las grandes comidas familiares, las celebraciones en el trabajo y cenas de empresa, los picoteos a toda hora y un sinfín de copas de alcohol. Las despensas rebosan de alimentos y el ambiente festivo invita a la inactividad y al placer y el descontrol.
Las fiestas no parecen ser el mejor momento para hablar de alimentación equilibrada, dietas hipocalóricas o disciplina gastronómica, pero hay una serie de sencillas medidas que permiten disfrutar de la mesa, sin que las Navidades “nos pesen”.
Acude al supermercado sin hambre y con una lista
Compra sólo después de haber comido, y para evitar las tentaciones elabora una lista de los alimentos navideños que va a necesitar para elaborar los menús de los días siguientes. Además, ¡escribe esa lista cuando no tenga hambre!.
Evita comprar platos preparados o precocinados
Estos productos son una fuente de grasas ocultas. Son preferibles los alimentos que requieran una preparación más elaborada. Mientras que la “comida rápida” favorece que se coma de un modo más impulsivo, adquirir alimentos que precisen una preparación culinaria más prolongada ayuda a frenar esos impulsos.
Oculta los manjares calóricos
Si en su tasa existen alimentos muy ricos en calorías, algo típico de las fechas navideñas, colócalos donde no se vean. Guardar los alimentos sirve para evitar que sean descubiertos al primer vistazo y reduce la tentación de comerlos.
Come despacio
Evita comer deprisa como si la comida se fuera a escapar del plato. Las señales de saciedad que se producen en el estómago tardan de 20 a 30 minutos desde que se ha comenzado a comer. Si comes muy rápido, ingiere mucha cantidad de alimentos antes de las señales de saciedad lleguen al cerebro. Pero si come lentamente, dejando descansar el tenedor en el plato después de cada bocado y toma la cantidad necesaria de comida sin pasar hambre, transcurridos 30 minutos te sentirás lleno.
Aligera tus platos
Quita la grasa visible y la piel de las carnes, embutidos y aves y enfría los caldos y quítales la capa de grasa que se forma en su superficie. Suaviza a las mayonesas y salsas similares añadiéndoles yogur, zumo de limón o clara montada, y fría en sartenes antiadherentes, con poco aceite.
