Honduras
La vida es algo que sólo Dios puede arrebatar. “No matarás” es uno de los diez mandamientos que creó el Señor; pero esto parece no importarles a los mareros que se dedican a cobrar el “impuesto de guerra” a los puntos de taxis de la capital y si no lo hacen corren el riesgo de ser asesinados.
Hoy en día los ruleteros sufren la peor de la crisis de inseguridad que puede existir y la Policía poco o nada hace por atacarla. Los taxistas viven bajo la amenaza de los mareros que semana a semana les cobran el denominado “impuesto de guerra” a cambio de brindarles la “seguridad” de seguir viviendo.
Según un dirigente de puntos de taxis de la capital, que por razones de seguridad obviaremos su nombre, manifestó que desde el mes de noviembre hasta la fecha han sido asesinados seis taxistas, siendo el peor mes el de junio en que cuatro ruleteros fueron asesinados en tres días.
Varios representantes de puntos de taxis de la capital para garantizar la seguridad de sus agremiados han entablado comunicación con los altos mandos de la Policía, pero hasta la fecha no han recibido el apoyo necesario.
Pago de impuesto de guerra
Es un dinero que tienen que tener cada semana aparte del dinero que entregan de tarifa a los dueños de las unidades y del que tienen que llevar a sus casas para cubrir los gastos del hogar y todavía tienen que gastar en abastecer de combustible al vehículo.
Para ganar todo este dinero, los ruleteros trabajan hasta altas horas de la noche arriesgando aún más sus vidas; pero, como ellos mismos dicen, “lo tenemos que hacer. No, nos queda de otra, de algo tenemos que sobrevivir”.
Cada punto de taxis de la capital paga una cuota mínima de 4,500 lempiras, pero ésta puede alcanzar hasta los 15,000 lempiras semanales dependiendo de la cantidad de taxis que tenga cada punto.
Los taxistas encargados de la “transferencias reciben una llamada un día antes de la entrega donde les recuerdan que no deben olvidar el compromiso.
