Honduras
Con los ojos llenos de lágrimas, Francisco Pereira observó con nostalgia lo poco que quedó de su vivienda y con voz entrecortada recordó: “La levanté bloque por bloque, fueron seis meses de esfuerzo y limitaciones que el terremoto destruyó en apenas 30 segundos”.
Ahora, este hombre que reside en el barrio Las Acacias de Omoa duerme con su esposa y sus cuatro hijos al aire libre. El drama de Pereira lo sufren unas cien familias de Omoa y Puerto Cortés, que pernoctan en los patios de sus casas y predios baldíos, soportando frío, lluvia, zancudos y falta de privacidad.
“Hice un techo de láminas viejas y paredes de cobijas y naylon”, dijo Pereira, de oficio carpintero.
El omoense recordó: “Siempre que llegaba donde mi esposa le decía: Amor, traigo 300 lempiras, qué decís, ¿compramos una libra de carne para el almuerzo o qué hacemos?
Ella me contestaba: Mejor compremos materiales para hacer nuestra casa, aunque sea eso les vamos a dejar a nuestros hijos”.
Indiferencia
El sismo que sacudió el país el pasado 28 de mayo provocó siete muertos, decenas de heridos y pérdidas por más de dos mil millones de lempiras.
Los municipios mártires del temblor fueron Omoa, Puerto Cortés y El Progreso.
La fuerza del remezón dañó el puente La Democracia, iglesias y carreteras, agrietó buena parte de la Empresa Nacional Portuaria y derribó centenares de casas.
En Omoa, los habitantes no sólo han tenido que soportar la fuerza de la naturaleza, pues ahora sufren la indiferencia del Gobierno y de la Alcaldía que gobierna David Chavarría.
Carlos Antonio Rivera, propietario de una pulpería, está indignado, “no logro entender cómo las autoridades dicen que aquí no sucedió nada. Deben venir acá y observar todo lo que perdimos”.
En este municipio, la mayor parte de las familias se quejan por la falta de agua potable.
“Nuestra salvación es el río que pasa por la colonia.
Allí vamos a traer agua en cubetas, la cual ocupamos para todos los oficios de la casa y después la hervimos para beberla”, expresó Iris Arias, una de las pobladoras.
María Hernández, otra omoense, dijo que urgen alimentos, ropa y medicinas.
“Algunas personas que estamos viviendo de la caridad de los vecinos y eso no es justo. Somos pobres, pero no nos merecemos este trato. Lamentablemente no hay autoridades que se preocupen por la población’’.
La falta de recursos básicos como el agua y vivir a la intemperie están provocando, principalmente en niños y ancianos, enfermedades gastrointestinales, respiratorias y cutáneas.
Puerto Cortés
En esta ciudad, los pobladores afectados por el sismo señalaron que no han recibido ayuda gubernamental ni municipal.
En el barrio La Curva, los vecinos dijeron que pocas organizaciones y personas particulares se han solidarizado con porciones de alimentos como frijoles, arroz y leche y con suero.
“La ong Cepudo y personal de la Empresa Nacional Portuaria nos trajeron provisiones de comida y láminas para el techo”, dijo Gladis Ochoa, vecina del barrio Buenos Aires.
Bernarda Bueso, de 73 años y cuya casa quedó inservible al caer a la Laguna de Alvarado, expresó: “No me explico por qué el presidente Manuel Zelaya no nos ha traído ni siquiera agua y comida para soportar un poco la triste realidad que estamos viviendo”.
Los lugares del puerto más afectados por el terremoto fueron las zonas bajas de los barrios Buenos Aires, La Curva, San Isidro, San Ramón, Campo Rojo, Marejada, El Faro y las colonias Vacacional y El Milagro.
Según la oficina de Alerta Temprana, en la zona, las casas destruidas ascienden a unas 350.
Desde el día del sismo, centenares de porteños se quedaron sin recibir agua potable.
Además, hay problemas con el alcantarillado y en algunas zonas no hay electricidad por daños en los cables.
En el barrio Buenos Aires, unas 60 familias duermen en casas de naylon, láminas, cartón y mezcal en patios y solares baldíos, mientras que en la colonia El Milagro unas 50 viviendas quedaron inhabitables.
