Honduras
Unos lloran por los que se van y otros ríen por los que vienen.
Los sentimientos se mezclan casi a diario en el aeropuerto Ramón Villeda Morales cuando llega el triste momento de la despedida o cuando faltan pocos segundos para volver a ver al ser querido que hace años salió del país en busca de mejor futuro.
Ayer, en medio de las decenas de familias que esperaban a sus seres queridos estaba Norma Ortiz.
Ella sobresalía porque cargaba un enorme ramo de claveles y margaritas para su esposo Julio César Ramírez, que hace cuatro años salió del país y estaba a punto de llegar de Atlanta en Delta Airlines. Sus ansias se prolongaron porque el vuelo llegó retrasado por el mal clima en Estados Unidos.
Mientras en la Terminal A del aeropuerto todo es alegría, en la sala B, las lágrimas de tristeza se apoderan de los que llegan a decir: hasta pronto.
Eso justamente le pasó a la familia Hernández Delgado. Después de permanecer 10 días en el país, tuvieron que regresar a Los Ángeles, California, donde radican. La menor Jennifer Hernández lloraba desconsolada al despedirse de su tíos, primos y abuelos.
