Honduras
Las horas transcurren y la zozobra crece en los bajos de Puerto Cortés. El río Ulúa ya hizo de las suyas: dejó más de 700 evacuados, mientras el Chamelecón es una amenaza latente porque se anuncia que pronto se saldrá de su cauce.
Colabora: Tiende una mano
Las pérdidas en cultivos de plátano, maíz y arroz son millonarias, igual que los daños en infraestructura.
El alcalde porteño Allan Ramos realizó un recorrido por la zona del desastre. "Hay cinco albergues habilitados en el Ramal de La Lima, Baracoa y en la zona urbana donde ya se están entregando provisiones".
Ramos detalló que las zonas dañadas por las inundaciones son los bajos de Baracoa, el Ramal de La Lima y El Pantano. El panorama es desolador, muchas familias se resisten a salir de sus casas pese a los múltiples llamados que los cuerpos de socorro han realizado.
Ayer elementos de la Base Naval de Puerto Cortés y Cuerpo de Bomberos socorrieron a varias personas que buscaban poner a salvo sus pertenencias. Muchos de los afectados salieron a los bordos y han instalado sus champas temporales para esperar que el agua que inundó sus casas baje de nivel. Los bajos de Baracoa conectan también con el Ramal del Tigre que pertenece a Tela, Atlántida, donde hay más de 500 personas incomunicadas, el único acceso es por lancha viajando desde el Tapón de los Oros.
Carretera internacional
En Omoa unas cien familias resultaron afectadas por el desbordamiento de los ríos Motagua, San Ildefonso y Cuyamel.
Los sectores afectados son: Tegucigalpita, Potrerillos, Río Tinto y Cuyamel. El alcalde de Omoa, David Chavarría, dijo que se habilitaron tres albergues y dijo que se han reportado derrumbes en la carretera que comunica a Puerto Cortés con Corinto.
El desbordamiento del Río Motagua afectó la carretera entre Guatemala y Honduras.
Reciben clases en medio de la desgracia
A pocos metros está el río Ulúa y un poco más lejos el Chamelecón. La aldea Collman, ubicada en el sector conocido como El Pantano, es pequeña y siempre sufre por las inundaciones.
Actualmente a este lugar sólo se puede llegar en un comando de las Fuerzas Armadas o por vía aérea, pero los pobladores acostumbrados a los embates de la naturaleza tratan de seguir su vida normal. Aunque no niegan que sienten miedo y por las noches no duermen. Pero mientras los adultos están vigilantes de lo que pueda pasar, los niños reciben clases en la escuela Francisco Ulloa.
El maestro de la escuela unidocente, José Antonio Aguilar, dice que el Ministerio de Educación dijo que se suspendieran las clases pero los niños le piden que las imparta. "Los escolares viven en la aldea y no necesitan cruzar el río, por eso lo mejor es aprovechar el tiempo", dice el profesor.
