Honduras
Tras años de bonanza y crecimiento, el mundo experimenta una inestabilidad económica sólo comparable con la crisis de la década de 1930. La crisis empezó en EUA y se tomó el mundo, dejando sentir su efecto en Honduras.
La primera gota la derramaron los dueños de casas en Estados Unidos que no pudieron pagar las hipotecas de sus viviendas debido a que estaban sobrevaloradas y también al efecto que sobre sus bolsillos tenía el alza del petróleo y de los alimentos en el primer semestre del año.
El charco se formó cuando, uno tras otro, los bancos que habían prestado el dinero a los clientes para sus viviendas empezaron a tener problemas de liquidez y de estabilidad, llegando a declararse en bancarrota por las deudas irrecuperables que tientan sólo en papel.
El río corrió con rapidez hacia aquellos bancos, de segundo y tercer nivel, que les habían comprado las hipotecas a los bancos, de primer nivel.
Entonces, tras una ola que producía la quiebra de bancos gigantes en pleno corazón del Wall Street, como Lehman Brothers, el mundo entero se dio cuenta de que el tsunami cruzaba el Atlántico y el Pacífico, y su poder amenazaba con sumergir en el caos de la volatilidad a Europa, Asia, Latinoamérica y Asia.
Y la percepción no era para menos: el mar de desconfianza en el futuro financiero y en la fortaleza de los bancos privados los llevó incluso a cerrarse las puertas entre ellos para hacerse préstamos debido el temor que aumentaba por ser dependientes o socios de los emproblemados en EUA. El fenómeno también tiró los precios del petróleo de cabeza y a los mercados bursátiles los puso bajo un nublado horizonte.
Y aunque millones y millones han sido liberados como salvavidas por los gobiernos, a través de los bancos centrales, para evitar la iliquidez y la reducción de los préstamos, la catástrofe se convirtió en una realidad.
Las proyecciones de crecimiento de años anteriores, 6 por ciento para Honduras, se disolvieron en el turbulento océano, las empresas, como las automotrices, se hunden en todo el mundo, entiéndase maquila o mipymes en Honduras, los empresarios buscan islas donde salvar sus inversiones y los empleados son náufragos sin empleo, agobiados por la falta de oportunidades y con piedras al cuello debido al desempleo y los altos intereses de sus préstamos bancarios.
