México
Horrorizados por los excesos de las dictaduras, los latinoamericanos le dieron la espalda a los gobiernos autocráticos a fines del siglo 20 y fijaron límites al tiempo que los políticos pueden permanecer en el poder.
Ahora, una nueva ola de presidentes muy populares trata de anular esos límites, aduciendo que impiden las reformas profundas.
A medida que más y más países autorizan a sus líderes a permanecer en el poder, crece el temor de que se esté volviendo a la era de los caudillos y la oposición apela a todos los recursos a su alcance para impedirlo, desde tirar huevos hasta orquestar golpes de Estado.
“Es un nuevo modelo político, que yo describo como dictaduras de baja intensidad”, expresó Manuel Orozco, analista de Diálogo Interamericano, un organismo con sede en Washington.
Las maniobras para permitir la reelección del presidente Manuel Zelaya fueron lo que motivaron el golpe de junio en Honduras. Zelaya niega haber intentado mantenerse en el poder una vez cumplido su mandato.
Poco después la Corte Suprema de Nicaragua autorizó al presidente Daniel Ortega a buscar la reelección cuantas veces quiera.
La oposición le tiró huevos al juez que manejó el asunto.
Escenas similares se vivieron a lo largo de la última década en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Colombia, cuyos líderes han logrado importantes progresos en la lucha contra males como la violencia o la pobreza, pero son acusados de acallar a la oposición.
El presidente venezolano Hugo Chávez ha invertido liberalmente la riqueza que genera el petróleo en la educación, la salud y subsidios alimenticios para los pobres. También cerró medios de prensa que critican su gobierno y usó la mayoría que tiene en el Congreso para quitarle poder a los gobernadores y alcaldes de la oposición.
El boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Corre ganaron también referendos que los autorizan a buscar un segundo mandato.
Para mucha gente, no obstante, la inquietud ante esta nueva oleada de caudillos no es tan grande como el malestar que generan la corrupción y la ineficacia de numerosas democracias.
El surgimiento de esta nueva camada de caudillos refleja en parte la ausencia de instituciones fuertes, capaces de controlar el Poder Ejecutivo, incluso en países que llevan varias décadas de funcionamiento democrático, señaló Orozco.
Álvaro Uribe no ha dicho si buscará un tercer período y algunos de sus propios partidarios creen que no debería hacerlo para no ser comparado con Chávez y correr el peligro de ser mal visto por Estados Unidos, estrecho aliado de Colombia.
