Venezuela
Los hechos que en estas últimas semanas han sacudido la estabilidad política en Honduras no son más que el producto de un nuevo enfrentamiento entre el socialismo del siglo XXI y la democracia liberal, según explica el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte-IDH, Asdrúbal Aguiar.
Para el profesor de Derecho Constitucional, la forma en que se restablezca el orden constitucional en la nación centroamericana decidirá, en la práctica, a quién sirve el sistema interamericano.
¿Por qué dice que en Honduras se produjo un golpe y un contragolpe de Estado?
La doctrina democrática latinoamericana superó el concepto del viejo golpe militar para dar paso a una nueva figura, que está en la Carta Democrática Interamericana, y se llama grave alteración democrática. Esto implica que los golpes no son sólo los que se producen por hechos de fuerza militar, sino también las actuaciones que despliegan los gobiernos a espaldas de las exigencias constitucionales. Esa figura está en la Carta y en el artículo 3 de la Constitución hondureña, que reconoce el derecho a la insurrección cuando alguien ejerce el poder por la vía de facto o cuando alguien ejerce el poder desconociendo las formas constitucionales.
Si nos atenemos a esto, estaríamos advirtiendo un golpe, conducido por el presidente Manuel Zelaya al intentar llevar a cabo un referendo para modificar la Constitución y un contragolpe hecho por las Fuerzas Armadas hondureñas, las cuales sacan al mandatario del país en vez de arrestarlo por traición a la patria, como lo establece el texto fundamental de su país.
La gran pregunta es por qué si Zelaya sufre una pérdida absoluta de popularidad y apoyo político, y el Estado tiene todos los mecanismos institucionales para deponerlo, las Fuerzas Armadas simplemente detienen a Zelaya y lo mandan para Costa Rica. Algunos dicen que lo hicieron siguiendo instrucciones del Tribunal Supremo de Justicia y el Congreso; si es así, obviamente, estarían actuando bajo la orden de un poder público constituido, pero ése es un tema que habrá que investigar.
El otro hecho que llama la atención es que, al conocer lo que ocurre en Honduras, la Organización de Estados Americanos, OEA, designa una misión para que viaje al país a fin de tratar de favorecer el diálogo y restablecer el clima democrático, pero José Miguel Insulza se queda anclado en Washington. Quizá si la OEA hubiese llegado con Insulza a la cabeza a lo mejor no hubiese ocurrido el contragolpe. Lo que sobreviene luego es un festival de cinismo, porque acto seguido la OEA se mueve.
¿A qué se refiere con un festival de cinismo?
Llama la atención que la Carta Democrática Interamericana, con la que acabaron el presidente Hugo Chávez y sus aliados, renace de sus cenizas por petición de estos mismo señores. También sucede algo insólito y es que luego de 45 años de reclamo del régimen cubano contra el bloqueo al que ha sido sometido por Estados Unidos aparece Raúl Castro proponiendo un bloqueo a Honduras. Es como que los jefes de Estado electos democráticamente tuvieran una patente de corso para violar la Carta Democrática y la constitucionalidad, pero si hay una reacción por parte del pueblo o de las fuerzas organizadas contra los regímenes que así se comportan, entonces simplemente se les pide un apego celoso a la formalidad.
Entonces, ¿a quién respalda la OEA?
La OEA es un reflejo de los gobiernos que se encargaron de enterrar la Carta Democrática Interamericana. Frente a un país donde los poderes públicos constituidos y electos democráticamente rescatan a todo pulmón y reconducen una crisis democrática resulta que la OEA le da la espalda al estado de derecho y la separación de los poderes públicos. Se transforma en un organismo de gobernantes que no toman en cuenta ni al Estado ni a la institucionalidad jurídica, sino las circunstancias de poder fáctico que demuestren los gobernantes que conforman la organización. Estamos ante una situación de medición de fuerza que va a dar un resultado que tarde o temprano se puede revertir contra el propio Chávez, porque la idea que se impone es la regla del rescate de la Carta Democrática Interamericana, y quiero ver cómo va a reaccionar el Presidente cuando el texto se utilice para revisar la situación venezolana.
¿Qué cree que pasará en Honduras?
Veo dos situaciones que están en el camino y que pueden contribuir a que el desenlace sea de un lado o del otro. Por una parte, Estados Unidos ha decidido no aplicar un aislamiento económico a Honduras. Washington cumplió con la formalidad de decir que en la última fase de la película hay un hecho no admisible conforme al Derecho Internacional, pero eso no implica que van a castigar al pueblo hondureño, con lo cual la vida económica y social en ese país seguirá adelante.
Por otra parte, me da la impresión de que Chávez está transformando a Honduras en una suerte de laboratorio en el que puede medir sus debilidades propias en el orden interno. Es la confrontación del socialismo del siglo XXI con la vieja república liberal y alternativa, es el enfrentamiento entre lo que llaman la democracia autoritaria o la dictadura electiva y el viejo sistema de separación de los poderes públicos.
Hay que destacar que Chávez dispara directamente contra las Fuerzas Armadas hondureñas, pasando por alto que no ha habido ningún pronunciamiento ni protagonismo por parte de los militares de ese país en relación con los sucesos ocurridos; quienes han declarado son las autoridades parlamentarias, eclesiásticas y judiciales.
En relación con Zelaya, él es una pica en Flandes. La primera opción es que sea un presidente en el exilio y la segunda es que regrese y sea juzgado, ya la propia Fiscalía General de ese país dijo que tiene una orden de detención para juzgarlo por el crimen de traición a la patria.
-¿Qué se puede hacer para restablecer el orden constitucional en Honduras?
El instrumento de oro de la diplomacia es el diálogo y no la guerra, habrá que ver si la comunidad internacional opta por el lenguaje de la beligerancia de Chávez o la diplomacia. Si opta por esta última, tendrá que ponerle coto al mandatario venezolano, porque ¿cómo se sostiene un sistema interamericano dentro de un régimen donde cada jefe de Estado actúa por la libre y decide si agrede o no a quien considera sus adversarios políticos en la región?
Para los hondureños, la solución debe ser constitucional y la situación se pone difícil porque el Parlamento y los tribunales consideran que las actuaciones de Zelaya son contrarias al orden constitucional. La pregunta es si la interpretación del orden constitucional la hacen los jueces o si la Constitución es un libro que se adecua a las interpretaciones de oportunidad que hace un presidente.
Tomado de El Universal.com
