México
Cuando Vicente nació allá en Sinaloa -de eso hace 33 años- su padre ya estaba en el muy rentable negocio del narcotráfico. Así que Vicentillo -un apodo del que no ha logrado desprenderse a pesar de su pinta de licenciado y a su cuidada barba de dos días- tuvo siempre buenos cumpleaños, buenos juguetes, ropa cara, coches del año y fajos de dólares a su entera disposición. Por tanto, para qué diablos intentar otro camino.
Le llamaban el "narcojunior". Apenas tenía 26 años cuando participó en el llamado "Cónclave de Cuernavaca" en 2001 como miembro del cartel de Sinaloa.
Punto de partida
Las autoridades mexicanas señalan este encuentro como un momento clave en lo que sería el comienzo de la disputa por las rutas de distribución y venta de estupefacientes entre grupos del crimen organizado.
De hecho, se cree que fue en esta cita que el cartel de Sinaloa decidió disputar el control territorial para la venta de drogas a los carteles del Golfo y de Tijuana.
Vicentillo habría jugado un papel protagónico en las negociaciones, como el hijo de uno de los presuntos capos más buscados por la justicia: Ismael Zambada García. Vicente Zambada fue escalando puestos en la organización de su padre hasta convertirse en uno de sus jefes operativos, con capacidad para decidir quién debe morir ya y quién todavía no.
Hasta el miércoles en la madrugada. Algunas de las personas que lo han conocido lo describen como un hombre violento e impulsivo.
Jesús Vicente Zambada Niebla, nació en Culiacán, Sinaloa, en 1975. Vivió por muchos años en Las Quintas, una de las zonas más elegantes de esa ciudad, donde muchos otros conocidos personajes ligados al tráfico de drogas tienen sus mansiones. Tiene cuatro hermanas: María Teresa, Miriam, Mónica y Modesta.
Ha trascendido que la familia es dueña de una empresa lechera y de una industria ganadera, así como de compañías en el sector inmobiliario. La prensa local señala que el Vicentillo representaba a su padre en muchos de los encuentros con el resto de los líderes del cartel y en las negociaciones sobre los embarques de droga. La Agencia Estadounidense Antidrogas, DEA, lo acusa de haber cometido al menos quince homicidios, estimación que algunos consideran demasiado conservadora.
Buscado
Hace pocos días, Vicentillo fue visto en el Carnaval de Mazatlán participando en los festejos relacionados con Semana Santa.
En aquel momento no se imaginaba que pronto dejaría de gozar de su libertad.
Washington había ofrecido una recompensa de cinco millones de dólares por información que llevara a su arresto, hecho que -tras años de acciones infructuosas- se cumplió el miércoles en el Distrito Federal. Vicente y cinco de sus compinches fueron detenidos por el Ejército mexicano en los Jardines del Pedregal, un distinguido barrio de la capital de México.
Llevaban encima los pertrechos básicos de cualquier organización de este tipo, dinero en abundancia y armas de todos los calibres. Viajaban en tres vehículos, dos de ellos de lujo, y disponían de la correspondiente documentación falsa. Pero no tuvieron oportunidad de utilizarla.
Un fuerte despliegue del Ejército se les echó encima y sólo unas horas después, a las siete de la mañana del jueves, un soldado con la cara cubierta por un pasamontañas y un rifle en bandolera paseó a Vicentillo agarrado del cogote y con las manos esposadas por la espalda. De esa guisa le hicieron los fotógrafos multitud de retratos, que a estas horas ya habrá visto el padre del muchacho desde donde quiera que esté escondido.
El Mayo Zambada -padre de Vicentillo- y Joaquín el Chapo Guzmán son dos de los principales narcotraficantes mexicanos.
Tomado de El pais.com/bbc.com