España
Cuando Ervigio Corral se dirigía el miércoles a su puesto de trabajo como director general del Samur-Protección Civil no se imaginaba que regresaría a su casa dos días después. Cuarenta y ocho horas sin tregua en las que se convirtió en una suerte de "hombre orquesta" que coordinó todo el dispositivo de emergencia del Samur para atender a los heridos y evacuar a los 153 fallecidos en el trágico accidente del vuelo 5022 de Spanair.
Inmediatamente después de las primeras llamadas de testigos que avistaron la columna de humo que provocó el MD-82 al estrellarse, toda la ‘maquinaria’ se puso en marcha. Se trataba de coordinar unos trescientos sanitarios del Summa y del Samur y decenas de voluntarios de la Cruz Roja.
Los responsables y participantes del dispositivo de asistencia a múltiples víctimas consultados por elmundo.es coinciden en señalar que la coordinación de todas las piezas del engranaje fue excelente.
Cuando las primeras ambulancias llegaron a las pistas de la T-4 -el "punto de encuentro", según explica Ervigio Corral- un coche ‘followme’ del aeropuerto les guió hasta el punto donde se estrelló el aparato.
A medida que se acercaban al lugar del siniestro y divisaban cada vez más cerca la inmensa columna de humo, empezaron a darse cuenta de "la magnitud de la tragedia" a la que se enfrentaban.
"¿Dónde está el avión?" dice Ervigio recordando su primer pensamiento cuando llegó al lugar. "Sólo se veía un trocito de la cola, el resto estaba hecho pedazos. Sin embargo, había una sección del fuselaje y allí estaba la mayoría de los vivos". Todo apunta a que era la parte comprendida entre las filas 9 y 14.
También encontraron supervivientes en otro fragmento del fuselaje que fue a parar al Arroyo de la Vega. El agua los protegió del incendio que originó el accidente.
María José Fernández Campo, jefa médica del Summa reconoce que su primera impresión al llegar al Arroyo de la Vega -el paraje donde fue a parar la aeronave de Spanair- fue desesperanzadora. "No esperábamos tantos muertos en un primer momento", explica.
Los primeros en llegar
"Ojalá hubiéramos tenido más trabajo". El que habla es Eugenio, piloto del ‘Summa 02’, uno de los dos helicópteros que se desplazaron hasta Barajas para evacuar a la veintena de supervivientes. Los médicos que transportaba Eugenio fueron los primeros en llegar al paraje del siniestro. "Cuando llegamos sólo había bomberos del aeropuerto y guardias civiles".
El JK 5022 acababa de estrellarse. Al sobrevolar el aeropuerto con el permiso de la torre, el helicóptero tomó tierra en la zona más cercana a lo que quedaba del avión "evitando las partes más cercanas al incendio, que estaba muy activo todavía", indica el piloto.
Mientras Eugenio se quedaba en el helicóptero para vigilar que la combinación viento-fuego no jugara una mala pasada, los médicos se pusieron manos a la obra. Minutos más tarde, comenzaron a llegar las primeras ambulancias y dispositivos del Samur, el Summa y la Cruz Roja.
Calvario
Aproximadamente media hora más tarde ya se había instalado en las cercanías un puesto médico avanzado para atender a los supervivientes y se comenzó a establecer un orden de evacuación de los heridos dependiendo de la gravedad y las condiciones de éstos.
Poco a poco iban saliendo del hospital de campaña hacia los centros hospitalarios de la ciudad. Eugenio transportó en su helicóptero a uno de los heridos al hospital 12 de Octubre. Recuerda perfectamente que "era un chaval muy joven, de unos 20 años, con acento canario. Se quejaba de un fuerte dolor en las piernas y decía que había tragado mucho queroseno".
Cuando volvió al fatídico paraje entre las pistas de Barajas no quedaba mucho trabajo para los helicópteros. Las ambulancias ya llevaban a la mayoría de los heridos a los hospitales. En el avión volaban 172 personas y sólo 19 sobrevivieron.
‘Creo que tengo un fémur roto’. "Hay imágenes que se quedan grabadas", cuenta María José. La jefa médica del Summa no quiere "ni recordar" el terrible escenario que los facultativos y voluntarios se encontraron al llegar al lugar del accidente. Fuego, humo y desolación.
Fallece herida
Una joven mujer de 31 años, gravemente quemada en el accidente del avión de la compañía Spanair el pasado miércoles en el aeropuerto de Madrid, falleció ayer por la noche, aumentando así a 154 el balance de víctimas.
María Luisa Estévez González murió en el Hospital La Paz de Madrid donde era tratada por quemaduras en el 72% de su cuerpo, dijo el Servicio Madrileño de Salud.
Tres días después de la tragedia, las familias de los 154 muertos en el accidente esperaban impacientes y cansadas que los cuerpos sean identificados para poder regresar por fin a sus casas y enterrarlos. El lento proceso de identificación, que hasta ahora ha permitido confirmar a cerca de un tercio --53 personas-- y que se espera que concluya el domingo, se debe a que la mayoría de los cuerpos quedaron carbonizados al estrellarse el avión de Spanair, nada más de despegar y posteriormente incendiarse.
"Esperamos que nos entreguen los cadáveres a lo largo del día, la prioridad nuestra es el reconocimiento de los cadáveres, que nos los entreguen, que los traslademos, que los podamos velar y que los podamos enterrar", resumió el canario Ismael Rodríguez a Radio Nacional de España.
Más de 200 familiares están alojados en un hotel cercano al aeropuerto de Madrid a la espera de que termine el proceso, arropados por treinta psicólogos de la Cruz Roja.
"Quieren que se identifique a los suyos cuanto antes para volver a sus casas. La gente tiene ganas de empezar el duelo después de tres días de tensión, tristeza y cansancio", explicó Olivia Acosta, portavoz de la Cruz Roja.
