Estados Unidos
El olor a la carne asada y la música punta fueron los ingredientes principales de la fiesta que se vivía en las afueras del estadio Soldier Field, previo al juego eliminatorio mundialista entre Estados Unidos y Honduras.
Los aficionados catrachos llegaron en masa desde muchas partes de la nación norteamericana y no importaba el cansancio de haber viajado y manejado por muchas horas. Al llegar al coloso de Chicago las pilas se volvieron a recargar, ya que sabían que la Bicolor necesitaba su apoyo incondicional cuando se juega en la tierra del Tío Sam.
Las caras de alegría era la carta de presentación de muchos compatriotas que llegaron con la fe de que nuestra Selección sacaría un resultado favorable y desde que abrieron las puertas de acceso no pararon de gritar ¡Honduras, Honduras!
El estadio estaba en un 95 por ciento repleto e increíblemente la mayoría eran hondureños que cantaban y gritaban sin cesar, las camisas blancas y rayadas en la tribuna hacían parecer que se estaba jugando en casa, el ambiente era mágico.
