Abrazar y mecer a un bebé es algo instintivo. Tanto, que si fuera perjudicial sería necesario realizar un esfuerzo enorme para frenar el impulso de la naturaleza. Y es que los especialistas han comprobado que el contacto piel a piel con la madre, aporta muchos beneficios al pequeño, lo que indica que ese viejo mito de no cargarlo porque se malcría, definitivamente queda atrás: le ayuda a la conciliación del sueño, hace que éste sea más profundo y reparador, le abre el apetito y le ayuda a la digestión, el sonido del corazón materno evoca en el recién nacido, su vida intrauterina y este recuerdo lo calma, aportándole seguridad. Si además de cargar al bebé en brazos, usted lo balancea rítmicamente, estimulará su sentido del equilibrio, lo que en el futuro le ayudará a sentarse y ponerse de pie.
Con su presencia no hay malestar
El llanto es el único modo del que dispone para expresar su malestar; así, dejará de sentirse angustiado y comprobará que el mundo es un lugar bueno y gratificante. Manténgase tranquila, ya que hasta el primer año el bebé no aprenderá a relacionar sus actos con sus reacciones y evitará el riesgo de que utilice su llanto para manipularla.
