Por razones concretas tengo mucha admiración y respeto por este paÃs, pueblo y gobierno. Mientras vivà en EUA se presentaron cinco crisis que no tuvieron graves consecuencias gracias a la disciplina de los ciudadanos, su organización y un patriotismo que no tiene lÃmites, que se sacrifica a extremos de pelear y morir por otras tierras con el mismo sentimiento con que luchan por la justicia.
Primera crisis: La guerra de los Seis DÃas. El presidente Nasser, antiyanqui, habÃa adquirido en Rusia un gran arsenal, incluyendo tanques para atacar a Israel. Este paÃs acabó con la tensión lanzando un ataque sorpresa el 5 de junio de 1967; los israelitas respondieron como un paseo militar para el Tsahal, ejército hebreo. La resistencia de los egipcios cedió fácilmente, de lo cual los israelitas tomaron ventaja, pues se apoderaron de la Franja de Gaza, Cisjordania, la Ciudad de Jerusalén y los Altos del Golán.
Un escritor humorista de EUA, Art Buchwald, comenta: "Rusia le dijo a Nasser: ‘Todo lo que pidió ha sido enviado a su destino, pero no le puedo explicar la forma de envÃo. Cuando los egipcios huyeron, dejaron en aquel terrero arenoso cantidad de equipo militar, incluyendo tanques, factura rusa, ¡nuevecitos!".
Mi segunda experiencia de amenaza de crisis en EUA fue a fines de septiembre 1973 e inicios de octubre. Poco antes la aviación israelà habÃa atacado objetivos terroristas sirios. Rápido se vieron involucrados Libia y otros paÃses árabes que aprovecharon la fiesta del Yom Kipur judÃa, o dÃa del perdón de la Torá judÃa, que obliga a ayunar; entonces los paÃses mencionados, en un ataque terrorista, mataron a 19 civiles israelitas. Como Estados Unidos saliera en defensa de Israel, los paÃses árabes se compactaron y rompieron relaciones diplomáticas con los norteamericanos. Y vuelve Arch Budwald: "¿SabÃa usted que todos los diplomáticos de Washington D.C. están a dieta? Ellos no gastan dinero en comida, se mantienen con las recepciones de las embajadas, especialmente con las árabes, que sólo ofrecen comida gourmet".
Pero lo que más me enseñó sobre la idiosincrasia del norteamericano y su comportamiento en momentos cruciales fue la caÃda del Sha de Persia. VivÃa yo con mis hijos en Bryan, Texas, y en las ciudades pequeñas las relaciones son más estrechas, asà tuve diferentes oportunidades de ver cómo se compactan en momentos de crisis. No habÃa autoridad que diera órdenes y todo se cumplÃa fiel y ordenadamente. Aquà en Honduras el Presidente convoca a una cadena nacional para decir cosas irrelevantes, nada prácticas. Se pone como ejemplo cuando él jamás ha sido inspiración para los hondureños, más bien los trata con soberano desprecio. El presidente Carter se presentó una sola vez en tv e invitó a la población a que se sometiera a todo tipo de economÃa, especialmente en energéticos. Una foto de Carter iba en todos los autobuses con la leyenda "Les agradezco que usen el transporte colectivo". Se puso en moda el "carpool", que consiste en ponerse de acuerdo los vecinos, en combinar horarios y usar el menor número de carros.
Yo pasaba de sorpresa en sorpresa al ver cómo aquel pueblo respondÃa con disciplina y practicaba pequeñas cosas para llegar a grandes soluciones. Por ejemplo: los restaurantes acataron la recomendación de no servir agua y hielo, a menos que el cliente lo solicitara, no "refill" de té helado. En invierno la gente andaba abrigada dentro de las casas, y en el verano instalaban abanicos eléctricos en los cuartos para multiplicar el efecto del aire acondicionado, en ambos casos economizaban combustible.
Son muy disciplinados; en cierta oportunidad, EUA aplicó un boicot a los paÃses cafetaleros, yo hacÃa mis compras en un supermercado, adelante mÃo iba una señora y puso en su carreta dos latas de café. Su hijito, posiblemente de 7 años, la haló del abrigo y le dijo: "Mamá, ¿recuerda que está prohibido comprar café?". Entonces ella las regresó a los estantes. Para mà fue motivo de tristeza ver tantas latas de café que nadie compraba.
La cualidad que más admiro en los norteamericanos es la fe en el ser humano. Es muy lindo que le digan a uno "I trust your word", "ConfÃo en tu palabra", pero ¡ay! de usted si los traiciona o les miente. Esto le pasó a una amiga: se le venció la visa de su pasaporte, cuando fue al consulado, recordó el consejo de nunca mentirle a un norteamericano y por haber dicho la verdad ahora tiene visa durante 10 años.
En mi opinión, ellos pecan de exceso de confianza, regalan su nacionalidad como ningún otro paÃs, sin prevenir el riesgo de que el que está jurando lealtad a Estados Unidos podrÃa ser un terrorista.
La palabra derrota, claudicación, no existe en la mentalidad de un norteamericano. Por eso yo tengo la fe y la confianza en que la crisis que los aqueja en el presente la superarán en relativamente poco tiempo, actuando como siempre lo han hecho, usando su proverbial disciplina, organización y empeño.
Ellos merecen que el túnel oscuro no sea muy largo y que una luz luminosa en el otro extremo venga a su encuentro.