Honduras
El técnico de la Selección catracha, Reinaldo Rueda, había adelantado que su principal preocupación era la posible complacencia del árbitro Mark Geiger con el juego brusco de los trinitenses.
Afortunadamente, el estadounidense supo aplicar la ley con mucha personalidad y estuvo a la altura del partido. Pasó casi inadvertido en el juego. Sacó el pito cuando tenía que hacerlo y nunca dejó de controlar las jugadas.
Dejó pasar una que otra acción alevosa, pero siempre con la intención de no parar el encuentro.
Habría que decir también que los dos equipos colaboraron con él, y no recibió reclamos airosos. En todo el choque sólo sacó tres tarjetas amarillas, para un saldo positivo.
Geiger, a pesar de ser un árbitro novato que por primera vez oficiaba un partido de esta naturaleza, en que está de por medio el boleto a un mundial, se mostró todo el tiempo seguro de sí mismo y no le quedó grande el juego. Tampoco se dejó llevar por la presión de los aficionados.
El nazareno se complementó de la mejor manera con sus auxiliares, Charles Morgante, también de Estados Unidos, y el jamaiquino Ricardo Morgante. Nada que objetarles, puesto que también corrieron bien sus bandas.
En cuanto al árbitro central, hay que añadir que goza de gran condición física porque, a pesar de lo vertiginoso del juego, con los cambios de balón y los balones en profundidad, siempre estuvo cerca de las jugadas o en todo caso supo correr su diagonal.
Por si fuera poco, no cayó en la trampa de algunos jugadores, que trataban de simular faltas inexistentes de uno y otro lado.
