Honduras
No fue un gran partido. No hubo acciones espectaculares ni la hinchada blanca se deleitó con las jugadas que los hacen levantarse de sus asientos. Pero su equipo ganó. Olimpia sólo necesitó un gol para doblegar 1-0 al Hispano y ahora los leones se sienten reyes al compartir la punta del campeonato con Marathón.
Acciones
Los dos equipos fueron muy discretos en el arranque. Se estudiaban sin que uno ni otro se atrevieran a arriesgar y meter el acelerador a fondo, llegando con lo justo a las áreas adversarias.
Los primeros en amenazar fueron los albos. Walter Hernández se coló por un rincón de la zaga y cuando intentó sorprender al golero, éste le adivinó las intenciones y se agigantó para rechazar el esférico.
Luego el argentino Cicogna, en centro de Dani Turcios, no supo definir de cabeza frente a Kerpo de León.
Pero Hispano no se refugiaba atrás. Jugaba sin complejos. Trató de tejer buen fútbol, procurando que sus atacantes Milton Ruiz y Sergio Diduch pudieran sorprender.
El que más cerca estuvo fue el "Muñi" Ruiz, pero en el primer duelo personal con Donis Escober, el meta olimpista se alzó con las palmas con sus tremendos reflejos.
Por un momento se creyó que el juego tomaría grandes dimensiones, pero leones y burritos comenzaban a aburrir con juego de poca profundidad y sin hambre de triunfo por ninguno de los dos bandos. La primera parte expiró sin nada verdaderamente importante para rescatar en la segunda etapa.
Etapa complementaria
El segundo tiempo trajo lo que tanto esperaban los escasos espectadores congregados en el estadio Nacional: el gol que los hizo despertar de su adormecimiento. Boniek García ganó la línea de fondo y envió el centro como con la mano para el argentino Cicogna, que con toque de cabeza le cambió la dirección al balón y batió a Kerpo. Este tanto le dio mucho más confianza a los leones que se acordaron de que estaban obligados a buscar el resultado como equipo local. Fue cuando afloraron las jugadas de fantasía, el buen fútbol y las constantes llegadas al arco visitante; sin embargo, la fortuna y las manos de Kerpo de León estaban ahí para impedir que los olimpistas siguieran amenizando la fiesta. Pero ya era demasiado tarde.