España
Lionel Messi hizo rendir a la afición del Atlético de Madrid con los tres goles que marcó para darle a su Barcelona la victoria 3-1 en el duelo de ida de los octavos de final de la Copa del Rey.
Reemplazado a los 82 minutos, poco después de anotar su tercer tanto, Messi se fue bajo una cerrada ovación de los espectadores en el estadio Vicente Calderón.
Y es que el 'regalo de reyes' del argentino no sólo fueron los tres goles que hizo, sino la sensación de que se puede ir de quien quiera y cuando quiera. Por la derecha destrozó a Pernía, pero cuando abandonaba la banda también volvió locos a los que había por el centro.
Por eso ninguno de los que presenció in situ el partido pudo evitar rendirse a la evidencia y, al igual que ocurrió con Del Piero en el Santiago Bernabéu hace menos de dos meses, un jugador rival se llevó la ovación del partido.
El atacante argentino reconoció que para él es algo "inexplicable" haber sido ovacionado en estadio ajeno.
Messi, citado por la agencia Europa Press, reconoció haber vivido un momento "muy especial". "Es algo inexplicable, muy lindo para cualquier jugador", añadió.
También destacó el potencial del Barcelona, que salió triunfante a domicilio pese a que jugó con la ausencia de varios titulares como el delantero Samuel Eto'o, el defensa mexicano Rafael Márquez, el volante Xavi Hernández y el arquero Víctor Valdés.
"A nosotros mismos no nos tenemos que demostrar nada. Si acaso a la gente, que este es un plantel de 25 jugadores y que que juegue quien juegue lo puede hacer bien", dijo Messi.
