Honduras
Al obtener su séptimo título contra todos los pronósticos tras el empate 1-1 ante el Real España, Marathón volvió a demostrar que ya no es el club etiquetado con el mote de "equipo sufrido", que regalaba a su afición "alegrías de pobre" y trabajosamente llegaba a instancias superiores, como una final.
El sábado, el Monstruo disputó su cuarta copa consecutiva y mucha razón tenía su presidente Yankel Rosenthal al sentirse confiado antes del encuentro, pues aseguraba que "Marathón tiene más experiencia que Real España en finales", palabras que resultaron proféticas porque, si somos honestos, los verdes no fueron amplios dominadores en ninguno de los dos juegos, pero la experiencia de jugadores como Óscar el "Pescado" Bonilla, Juan Obelar, Mario Berríos, Mario Beata y Tyson Núñez, con todo y su penal fallido, pusieron su colmillo retorcido y ante la adversidad lograron el título con el global de 2-1. El segundo en dos temporadas.
Marathón, en esos dos partidos contra el hasta entonces líder del torneo, que poseía la delantera más demoledora del campeonato y la defensa menos goleada, en 180 minutos sólo recibió un gol y cuando le tocó dar la estocada lo hizo en forma oportuna.
Hubo dos momentos cruciales en el partido contra el Monstruo.
Primero, el tanto anotado por el brasileño Everaldo Ferreira y, segundo, el impacto psicológico luego de malograr un penal. En ambos casos se repusieron.
Los jugadores españolistas corrieron más y se pudo haber jugado más en cancha verde, pero ser hasta cierto punto fríos y calculadores, sabiéndose defender con o sin pelota, permitió al Marathón abrir el camino hacia su séptima corona luego de que Mario Berríos anotara ese golazo. Bien decía el mismo Tyson: "El fútbol no es de merecer". Lo cierto es que a los marathones ya no se les llama despectivamente "panzas verdes" o "marathones sufridos", ahora el mote de Monstruo es de su talla. Es el campeón del fútbol hondureño y uno de los mejores del área de Concacaf. Ya lo demostró en la Liga de Campeones.
