Argentina
Los superclásicos entre Boca Juniors y River Plate tienen ese extraño don de tapar las peores miserias del ganador y volverse en un infierno para el vencido.
Boca, en crisis por las diferencias que salieron a la luz pública entre sus jugadores y que le valieron el mote de "cabaret" a su vestuario, se llevó una victoria después de cinco años por 1-0 en la visita a su eterno rival, que pese a su mediocre campaña en el torneo Apertura se ufanaba de la unidad de su grupo.
Un día después, los boquenses viven una calma aparente y disfrutan haber hundido al último campeón en el fondo de las posiciones, en la que hasta aquí es la peor campaña de su historia.
Con la derrota ante un rival en inferioridad numérica casi todo el segundo tiempo, algo se quebró entre los futbolistas y el técnico de River Diego Simeone, quien tendría decidido dar un paso al costado si su equipo no supera la serie ante Chivas de México en los cuartos de final de la Copa Sudamericana.
"Todos aquellos que entiendan el momento", respondió el "Cholo" Simeone cuando un periodista le preguntó cuántos de los jugadores que perdieron ante Boca saldrían como titulares el miércoles ante el conjunto mexicano.
En la vuelta a los entrenamientos ayer, Simeone no cruzó palabra con sus dirigidos, que realizaron trabajos físicos y quedaron concentrados para la Sudamericana. "Los compañeros están tristes. No hay marcha atrás. Tenemos que aprender de los errores y pensar que nos queda un objetivo. Ya demostramos que nos podemos levantar", dijo el uruguayo Sebastián Abreu, el único que aceptó el diálogo con periodistas.
Abreu, habilitado para jugar solamente la Sudamericana, destacó que "si tuvimos reacción el semestre pasado la podemos tener ahora", en referencia a la noche fatídica en la que San Lorenzo, con nueve jugadores y dos goles abajo, eliminó a River de la Copa Libertadores.
Los millonarios pasaron el trance y luego ganaron el torneo Clausura, dejando atrás una sequía de cuatro años sin títulos.
El técnico del Boca, Carlos Ischia, antes del clásico estaba en las cuerda floja tras una serie de derrotas que lo alejaron del líder San Lorenzo, pero sobre todo por su aparente incapacidad para manejar un vestuario de estrellas.
Para los hinchas del River, Simeone cometió el peor de los pecados: perdió los dos clásicos oficiales del año por el mismo marcador.
