Honduras
El chiquitín inició la jugada en el centro del campo. La abrió para David y se metió al área con el sueño de alegrar a siete millones de hondureños.
El nueve del Benfica miró su movimiento y le puso un flan para que lo degustara.
Ramoncito la empalmó plena y la mandó a guardar.
Minutos después, otra vez David le dijo: "Consagrate". Y el Súper Ramón lo hizo. Le pegó con la parte interna de su taco derecho y volvió locos a los catrachos en el estadio Saputo y a una multitud en todo el territorio nacional.
A partir de ahí su vida cambió. Ganó carisma, él es humilde y la gente lo quiere. Días después amargó a Jamaica y hoy amenaza con volver hacer felices a todos los hondureños.
