Estados Unidos
A través de toda la región hay un nuevo impulso para la creación de nuevos negocios. Se trata de una renovación de esfuerzos que se han sucedido por décadas. Ha habido algunos éxitos esporádicos, pero la visión más extendida es que éstos no han sido óptimos.
Los expertos en América Latina aprietan sus manos angustiados cuando conversan sobre la inaceptable tasa de crecimiento de creación de nuevos negocios. Se animan perceptiblemente cuando conversan sobre microfinanzas y microempresas, pero su ceño se frunce cuando hablan de cuán pocos son los nuevos negocios con potencial de crecimiento y creación de empleo para profesionales de alto nivel que se han creado.
Cuestión de dinero
Las explicaciones para esta crónica falta de éxito abundan. Pero casi nunca se enfocan en los sistemas financieros de los países latinoamericanos. Muchas veces los expertos locales pasan por alto las predisposiciones contra la toma de riesgos que son inherentes en los sistemas de muchos países de América Latina. Éstas, sin embargo, son consideraciones importantes para los jóvenes de alto nivel educacional. Justamente, quienes deberían generar nuevos negocios de alto potencial o darles valor agregado a sus exportaciones.
Una limitante es la manera en que los sistemas legales tratan la deuda. Los emprendedores siempre tienen que dar garantías personales para obtener cualquier financiamiento. Luego, si el negocio falla, son responsables por sus deudas. Y si no pueden pagarlas quedan inhabilitados para usar los mecanismos normales del sistema financiero, como cuentas corrientes y créditos de consumo, y en algunos países no se les permite firmar contratos ni obtener un empleo. La deuda es reportada a las oficinas de crédito de los bancos y aparece en la "gaceta oficial", de manera que sigue a la persona por el resto de su vida.
La herencia
Tal manera de tratar la deuda viene de tiempos remotos, cuando la mayoría de los préstamos se hacían de persona a persona. El prestamista podía perder los ahorros de su vida si su prestatario no le pagaba. Y había un estigma adicional sobre el deudor en default, como si fuera un pillo, porque en aquellos días era muy probable que la deuda tuviera el objetivo de comprar tierras o mercaderías. En esos tiempos, el valor del colateral no fluctuaba tanto como hoy, de manera que había fundamentos para creer que el deudor era un sinvergüenza, borracho o incompetente.
Hoy, quienes prestan dinero son expertos trabajando con intermediarios financieros. Prestan sabiendo con anticipación que una parte no se les pagará. Confían en sus conocimientos de estadísticas y análisis financiero, y han tenido éxito. El tamaño del sector de servicios financieros ha crecido mucho, en parte debido a las habilidades de los prestamistas profesionales a la hora de evaluar los riesgos de los créditos y ponerlos en una balanza al lado de los potenciales de retorno. Los capitalistas de riesgo son similares. Con la diferencia de que toman riesgos mayores y buscan mejores retornos cuando apuestan por el negocio que se transformará en el próximo Google.
Mercados
Los aspirantes a jóvenes emprendedores en América Latina enfrentan un cálculo desalentador. El alza potencial que pueden alcanzar es baja debido a que la posibilidad de lanzar acciones de su nueva compañía en la bolsa también es baja. Sólo Brasil ha podido crear y sostener un mercado para nuevas emisiones, de manera que una empresa tras otra han podido abrirse a bolsa. Pero incluso en Brasil ese sueño dorado es difícil, debido a que cuando examinamos ese mercado con cuidado, vemos que la mayoría de las nuevas emisiones han sido lanzadas por compañías grandes que han existido por décadas.
El potencial a la baja –el otro lado del cálculo– es desalentador y hasta asusta. Los jóvenes emprendedores a menudo están dispuestos a trabajar duro por un salario modesto por uno, dos o tres años con la meta de alcanzar su sueño. Pero no lo están para comprometerse con una deuda y un estigma que los seguirá por el resto de sus vidas.
Mientras, la necesidad de desarrollar nuevas actividades económicas y de reinventar industrias estancadas crece cada mes. Los gobiernos de América Latina continúan canalizando recursos a incubadoras, clústers, capitalistas de riesgo, y ofrecen créditos subsidiados para negocios que pueden renovarse.
Para que estos esfuerzos den resultado se requiere superar las arraigadas penas por fracasar en una nueva empresa. Los emprendedores en América Latina tendrán que esperar mucho tiempo antes de ser vistos como aventureros que se introducen sin temor en territorios inexplorados, abriendo el camino para otros más cautelosos que los siguen y cosechan beneficios. Pero será más fácil cambiar la manera en que son tratados si toman un riesgo y fracasan. Un remedio sería tener una categoría especial de deuda para emprendimientos que satisfagan ciertos requerimientos de originalidad. Las deudas de esta categoría podrían tratarse de un modo distinto, y si los jóvenes graduados creen que las consecuencias del fracaso no serán tan punitivas, estarán un paso más cerca de tomar el riesgo de comenzar con un nuevo negocio.
Los emprendedores enfrentan un panorama desalentador y por eso muchos prefieren qeudarse en la economía informal o en empleos ya formados que no le aportan mucho más a las economías de la región.
Honduras sin innovadores
A pesar de la apertura de mercados, nuestro país se encuentra al final de la fila de los innovaciones en Latinoamérica. El bajo nivel educativo, la poca exigencia universitaria y la baja competitividad hace que incluso las empresas se decidan por profesionales de otros países para ocupar cargos que permiten el desarrollo de nuevos mercados. Si bien muchas empresas no destinan fondos para el desarrollo de ideas y productos innovadores, los que sí lo hacen prefieren desarrollan campañas diseñadas en otros países. La desventaja se aumenta al tener en cuenta que en comparacien con Asia, la creatividad latinoamericana está ganando terreno, lo que se demuestra en las llamadas empresas intermediarias- que están aumentando sus relaciones con socios dentro de zonas como Estados Unidos.
El país también desprovecha las ventajas en rubros como turismo, en donde los innovadores podrían desarrollar nuevos productos y servicios.
