Estados Unidos
La estadounidense Serena Williams y la serbia Jelena Jankovic demostraron tener el tenis más contundente para llegar a la final del Abierto de tenis de Estados Unidos, y hoy se disputarán el título del último Gran Slam del año.
Serena, cabeza de serie N.4, se impuso a la rusa Safina (N.6) en una hora y 28 minutos con pasajes de 6-3, 6-2, y Jankovic (N.2) empleó seis minutos más para dominar a Dementieva (N.5) con un doble 6-4. La menor de las hermanas Williams está a mitad de camino de dos grandes objetivos: ganar su tercera corona en Flushing Meadows y encaramarse nuevamente al trono de la WTA.
Antes del encuentro de cuartos de final entre las dos hermanas Williams, muchos pronosticaron que la hermana vencedora de ese tope llegaría a la final, y sería la eventual ganadora del título.
La forma absoluta en que estaban dominando a sus rivales hacía presagiar que una Williams estaría en la disputa de la corona de Flushing Meadows.
Serena, de 26 años, ganó aquella batalla fraternal, en el que ha sido su partido más difícil hasta ahora, simplemente desmenuzó en pedazos a Safina, para tomar dulce venganza de la derrota sufrida en el torneo de Berlín. La Williams más pequeña, de edad y estatura, quebró cinco veces el saque de Safina, cometió sólo 21 errores no forzados.
En un momento del primer set en que Safina le quebró, y se fue delante 2-1, Serena encendió motores y ganó seis de los últimos siete games para definir el compromiso. A su cuarta final de Flushing Meadows llega sin perder un set en seis partidos, en los que ha cedido sólo 31 games.
Serena buscará su tercera corona del Abierto estadounidense, donde ya se coronó en 1999 y 2002, y la novena en torneos de Gran Slam.
De su lado, Jankovic avanzó a su primera final de un Gran Slam, donde buscará su primer título grande.
Con lágrimas en los ojos después de su triunfo, la serbia exclamó: "Ésta va a ser mi primera final de Gran Slam.
Creo que voy a ir a llorar al vestidor". La serbia tuvo ante Dementieva un 75% de efectividad en su primer servicio, quebró cinco veces a su rival y cometió sólo 22 errores no forzados, por 42 la rusa.
